Línea 3… y lo que falta

Sin duda que el arranque de las obras para la construcción de la Línea 3 del llamado “tren ligero”, —que en este caso estará ya a nivel para considerarse un verdadero Metro—, ha sido noticia esperada, pero se trata de un verdadero hecho histórico para la capital jalisciense y su área de influencia. Se dice fácil pero, en efecto, tuvieron que pasar dos décadas para que se diera continuidad a lo que podría considerarse el principio a una solución de fondo del problema de transporte.

Quizá los gobiernos que antecedieron no tuvieron la misma visión de las cosas o tal vez tampoco vieron la oportunidad o tuvieron que solventar las finanzas anteriores, pero el caso es que no hay duda de que faltaba una decisión política determinante, coordinada entre los niveles federal y estatal. Hubiera sido realmente difícil pensar que si dichos niveles fueran de distinto color, se diera esta conclusión de la misma manera.

Apenas empiezan los trabajos y desde luego que se dan los primeros problemas, pero los inconvenientes siempre son el precio que se paga cuando se trata de esta clase de obras. Sin embargo, más debe motivar el impacto permanente y no el temporal que la Línea 3 puede acarrear a las zonas por donde pasará, sobre todo en los tramos aéreos. De ahí que las autoridades tienen pendiente ver la manera en la que tendrán que resolver efectos negativos en el medio ambiente y en el entorno urbano general.

De esto realmente se ha hablado muy poco. Quizá la razón es que todavía no se cuenta con proyectos colaterales ya que lo que urgía era planear y empezar a ejecutar la obra en sus aspectos fundamentales. Así que es tiempo de que ya se desarrolle todo lo que falta, entre lo que bien pudieran ser acciones que contribuyan al ambiente y, en contrapartida a impactos no deseados, convertir esa faja de la trayectoria del tren en oportunidad para desarrollar actividades productivas, comerciales y, particularmente posible, también de las que contribuyan a la convivencia, a la recreación y a la cultura.

Naturalmente que hay otros puntos en los que es de esperar el obligado complemento de una inversión —demasiado grande por cierto, la mayor en la historia de la entidad—, con programas destinados a mejorar el sistema de transporte a fin de que la solución procurada resulte auténticamente integral. Dicho de otra forma, de poco será el resultado final de la Línea 3 si no se aprovecha la coyuntura para completar la infraestructura vial, la movilidad no motorizada, las áreas peatonales y los planes de reordenamiento del sistema de transporte convencional.

La verdad no se debe regatear reconocimiento al actual gobierno del estado por su vigorosa búsqueda de esta realización, al igual que amerita similar comentario al cumplimiento de la promesa que el presidente de la república hizo a los jaliscienses desde su campaña. Hay todavía voces inconformes que buscan hacerse notar por notar, más que por argumentar. Habrá que atender, eso sí, aquellos planteamientos razonables y nunca perder la comunicación con los ciudadanos de las colonias involucradas, para que, en efecto, la socialización del proyecto sea más que el enunciado de un discurso.

Por otra parte, de entrada hay que recordar la necesidad de que los trabajos emprendidos y todos los que faltan para los años venideros, se realicen sobre bases de la mayor participación posible de empresas jaliscienses, que la transparencia sea un hecho irrefutable y, en fin, que se cuide una inversión que no por ser cuantiosa deja de perder la dimensión de provenir de los recursos de la población, lo cual exige licitaciones, calidad y nivel técnico sin cuestionamiento alguno.

Está claro el beneficio que la “Línea 3” traerá a la zona metropolitana, ahora solamente falta redondear el proyecto para que logre el máximo provecho posible a todos los jaliscienses.

 

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