Liderazgos bajo sospecha

Con el principio de año suelen darse cambios importantes en los liderazgos del sector privado. Por ello es tiempo de hacer algunas reflexiones sobre el papel real que este tipo de responsabilidades implican y, hay que aceptarlo, no siempre responden a los intereses que legal, estatutaria y hasta moralmente conllevan. Sin embargo, como lo importante es conservar la pulcritud de imagen y mantener siempre esa cara ante la sociedad y especialmente ante el sector público, los errores y fallas no trascienden tanto, se esconden, se manipulan y se preservan en un círculo reducido con comentarios internos apagados y a la sordina.

La razón parece muy obvia. La postura crítica que deben presentar los organismos privados e incluso los colegios de profesionistas, exige a primera vista contar con el respaldo moral e institucional, o lo que es lo mismo, los índices que acusan deben mostrarse limpios. Pero no siempre sucede así.

Lo cierto es que por una parte algunas dirigencias apuntan las corruptelas y, por otra, aprovechan el encargo para beneficio no de sus asociados o agremiados -como debería de ser- sino de sí mismos o de sus allegados o familiares. También hay quienes, sin más, utilizan la información privilegiada para obtener su usufructo directo y tampoco faltan aquellos que caen en la tentación de mantener relaciones utilitarias con funcionarios que ellos mismos han señalado.

Las cámaras y organismos tienen obligaciones muy claras empezando por representar genuinamente a sus afiliados y en no pocas veces hasta a los no afiliados pero coincidentes en la actividad, como también han de contribuir a buscar su crecimiento sectorial, promover la capacitación, generar empleos y participar en el desarrollo general, por mencionar lo más importante. No obstante, a la sombra de las dirigencias se aprovechan esos espacios de élite para gestionar contratos, emplear recursos y programas hacia empresas de su personal interés y negociar otras cuestiones que nada tienen que ver con el interés general de sus respectivas agrupaciones.

Cuántas veces se ha visto el rechazo que los afiliados tienen hacia determinadas posturas de sus líderes que, bajo el argumento de representar “a todos”, simplemente encuentran el modo de beneficiarse individualmente. Incluso se da el caso que tales dirigentes arriesgan la independencia de su sector en busca de prebendas. Naturalmente que no sería justo generalizar a este respecto ya que de la misma manera pueden encontrarse muchos ejemplos de dirigentes “a toda prueba” y que esencialmente están dedicados a servir a los intereses prioritarios de la agrupación, incluso en perjuicio propio.

Pero, en otros casos, también se podrían citar incluso casos concretos, hechos que han salido a la luz pública, evidencias inobjetables de quienes hasta con cierto cinismo llegan a acumular beneficios personales o familiares y todavía los justifican. Y es precisamente por ello que los liderazgos sospechosos actúan como lastre ante la necesidad de poner a salvo la autenticidad, legitimidad y derecho de los organismos privados ante la autoridad y ante la opinión pública. Y en el caso de Jalisco, son factor igualmente de la falta de unidad que aflora en la escasa y muy pobre participación del estado en los liderazgos nacionales.

Lo menos que puede esperarse de un líder es su responsabilidad social y conciencia de su tarea primordial. De otra forma los liderazgos se hacen sospechosos y pierden la calidad moral requerida para ser contrapeso de quienes atentan contra el interés sectorial y contra el interés público.

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