Jalisco, estado en emergencia e indefensión

Ya no se puede tapar el sol con un dedo, ni con toda la mano. Jalisco se encuentra en virtual emergencia ante los problemas de seguridad, de movilidad y de otros rubros fundamentales que tienen más que inquieta, profundamente preocupada a la población, a donde quiera que vas lo único que se escucha en cualquier plática es en referencia a experiencias caóticas de la ciudad donde vivimos. Y vaya que sí hay suficiente motivo. Por un lado, se ve al hampa desatada, cometiendo tropelías, incluso asesinatos a mansalva en plena vía pública, un caos incorregible en la ciudad a causa del desorden y la falta de vigilancia y, por otro, autoridades relativamente pasivas, sujetas más a la reacción que a la acción, incapaces de prevenir, pero, sobre todo, terriblemente descoordinadas, casi como si se estuvieran deliberadamente  obstruyéndose unas a otras.

El terrible caso de Blas Alí Saras que conmovió a la comunidad como una muestra de la indefensión social que se vive, a pesar de que al menos movió inusualmente hacia la captura de sus victimarios, deja una huella lacerante, sobre todo por la forma en que una vida de gran futuro quede segada por unos rufianes que, como tantos, pululan en la ciudad armados y listos para el atraco y el crimen. Ya nadie puede sentirse tranquilo. Apenas aconteció lo de Blas, un asalto más se dio en otra zona de la ciudad contra un conductor, hombre mayor, y su esposa, para despojarlos de su vehículo. Igual, fue balaceado y murió.

Así las cosas, las preguntas saltan a la vista: autoridades, ¿dónde están?; ¿qué están haciendo?; ¿siguen en campaña?; ¿qué hay de tantas promesas para ponerse “por encima” de los intereses partidistas y de todo tipo para entregar su esfuerzo en pro de los ciudadanos?; ¿qué están haciendo las de nivel estatal para lograr una auténtica coordinación con las municipales a las que parecen más que estar dejando el paquete entero?; ¿qué sucede en la Fiscalía estatal que ni siquiera puede mantener a salvo sus propias instalaciones y que, a pesar de la muerte de tres de sus trabajadoras, acaso quiere resolver el tema con una “mini-purga” que de paso mantenga en circulación política a su titular Eduardo Almaguer?

Que ya no se venga con el cuento de que Jalisco vive en el paraíso con respecto a otras entidades, estamos mal, la verdad muy mal. Veamos algunos datos del propio Sistema Nacional de Seguridad Pública. En el primer cuatrimestre del año, Jalisco se mereció el calificativo de uno de los más violentos del país. Aquí se cometieron aproximadamente cien homicidios dolosos al mes, 396 para ser exactos en esos primeros cuatro meses. Comparado con Nayarit, que, junto a Yucatán, Campeche, Quintana Roo o Aguascalientes, registran homicidios culposos en un rango de uno a diez mensuales. Claro, habría que comparar lo anterior con los porcentajes por número de habitantes, en el que Colima se lleva el sitio más complicado en esas cifras. De todos modos, no nos libramos aquí de estar entre el “top ten”, de los más criminógenos y violentos.

Lo que preocupa también en Jalisco, como lo demuestran los hechos lamentables como en el que Blas perdió la vida, es que los ladrones simples amagan con genuinas armas de fuego y parecen dispuestos a usarlas. Basta con darse una vuelta por los cajeros bancarios desolados sobre todo en fines de semana, para advertir la cantidad de sujetos extraños, bandas colombianas y de otras, se dice, prestos para asaltar, extorsionar, etcétera. Y ahí ni a los bancos parece importarles. Menos a las autoridades. Tal parece que el nuevo mecanismo que entablaron para remitir delincuentes desde el pasado abril o no lo han sabido operar o es simplemente desastroso, ¡no hay patrullas en las calles!

De la “otra” policía, la vial, casi mejor hay que dejar que sean los ciudadanos los que se expresen. Aquí todo indica que Servando Sepúlveda, muy a pesar de su “expertice” y de sus credenciales en distintas áreas, está posiblemente terminando sus incursiones políticas con los peores resultados de su carrera. ¿Cada cuándo ve usted a un agente o a una patrulla vial, sobre todo haciendo su trabajo? ¿qué tanto hace “movilidad” por rescatar, organizar, desviar el tráfico u ordenar el tránsito ante el caos citadino? ¿Operativos, hace cuanto no ve alguno? ¿dónde podría meter la cabeza el titular de Semov tras esta etapa de desastre vial, como no sea para aumentar recaudaciones a través de las camaritas de fotoinfracción o las colectas oficiales que logran las “toritas”?

Lo peor de todo es que hay que advertir que no hay entendimiento entre estado y municipios ni en seguridad ni en movilidad ni en casi nada. Tampoco los ayuntamientos y sus “comisarios” se ven muy activos ni terminan por fin de organizar sus “modelos” ni implementar sus programas. ¿Será que quieren bloquearse estado y municipios? ¿será que tratan de verse mal unos a otros?   No se vale eso que están haciendo, entonces, basta de simulaciones en seguridad, basta de no sacar a toda la fuerza de vialidad a las calles. Urge que las autoridades trabajen y se coordinen y dejen de poner la mira en los próximos procesos electorales. Los ciudadanos nos damos cuenta, los estamos viendo y les cobraremos pronto.

miguel.zarateh@hotmail.com

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