Informe: lo nuevo y lo rancio

Un político joven, como Aristóteles Sandoval, debía dar muestra pública de que en realidad busca un perfil fresco y renovado al rendir cuentas a la ciudadanía. Y en gran medida lo consiguió, salvo algunos detalles que, la verdad, no encajaban en el formato diseñado para abrir el diálogo y acabar con el monólogo acostumbrado en estos mensajes.

Ya se ha mencionado, atinadamente, que no deja de ser sano y novedoso el hecho de que voces plurales, informadas y auténticamente representativas de profesionistas, activistas, etcétera, tuvieran un espacio para cuestionar, de frente, las políticas y el actuar del gobernador. Desde luego que todo es perfectible –y el tiempo fue muy limitado–, pero la experiencia es buena y ahí queda; y aunque algunos no quisieron participar “para no entrar en el juego”, lo innegable es que la oportunidad se ofreció y para ser la primera se cumplió. Claro que escuchar es una cosa y atender los planteamientos, otra. Sin embargo, hay que aceptar que por el titular del Ejecutivo no quedó, con todo y que algunos de sus secretarios buscaron a toda costa justificarse de sus fallas y presuntos errores.

Por supuesto que en términos formales, esta clase de encuentros correspondería hipotéticamente a los representantes ciudadanos, o sea, a los diputados pero, despojados de la carga política y partidista, los ciudadanos invitados fueron más claros y objetivos. Y vaya que era de esperar que no pocos planteamientos fueran bastante incómodos, pero el gobernador se atuvo a una experiencia riesgosa pero que podría ser ejemplar y altamente provechosa. Lástima, en verdad, que no todos los integrantes de su gabinete lo hayan entendido así y, en consecuencia, parecían más ver por salvar su vida que por cuidar la imagen de su jefe máximo.

De ahí que lo más valioso del llamado experimento resultara poner en evidencia públicamente a funcionarios que querían defenderse con argumentos poco convincentes y hasta evasivos a los cuestionamientos. El que mayor beneficio puede obtener de ello es el propio gobernador, pues está claro que tendrá más elementos para poner en su justa medida la calidad y voluntad de cada uno de sus funcionarios. Ahora que lo verdaderamente trascendente sería que los comentarios y sugerencias recibidos se reflejaran en un documento al cual darle seguimiento y atención. Eso sí, podría ser el inicio de ejercer un co-gobierno con el pueblo.

Y en lo que toca al informe mismo –el protocolario al que asistieron más de una docena de gobernadores y muchos personajes–, poco a poco se advierte la maduración del proyecto sexenal, aunque con la inevitable tendencia a retraer costumbres y prácticas de las que se creía punto menos que sepultadas. Del contenido mismo pueden obtenerse conclusiones positivas y algunas que reflejan deficiencias serias, como en el tema de seguridad pública. Ahora hay que entender que el primer año es la sexta parte de una administración, así que la “nueva historia” de la que habla el gobernador todavía tiene muchas páginas por escribir. Esperemos que buenas.

Lo que cuesta trabajo pensar es que en todo este contexto, algunos cientos de supuestos espontáneos esperarán horas en las afueras de Palacio de Gobierno de Jalisco para “agradecer” con pancartas y gritos los beneficios obtenidos por el gobierno. Habría que ver si fue idea del equipo gobernante o de solícitos líderes y otros interesados –emisarios del pasado, diría alguien–, que quisieron congraciarse así, de tan desafortunada y rancia forma, que trasladó la mente a los tiempos del lacayismo de hace décadas.

Jalisco necesita un gobernador moderno pero también deben cambiarse estructuras, evitar el resurgimiento de los corporativismos y, por otra parte, escuchar y tomar cada vez más en serio las voces disidentes pero autorizadas y legítimas. Saber, en suma, distinguir una cosa de otra y aceptar la verdad aunque sea incómoda en vez de los servilismos que sólo envilecen y atrofian los gobiernos. Aristóteles Sandoval puede hacer que, efectivamente, la vida política de Jalisco sea otra historia pero aún tiene mucho por hacer para lograrlo.

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