Gustavo Arballo, líder de los constructores

Para los constructores jaliscienses no fue del todo sorpresa que un colega local, Gustavo Adolfo Arballo Luján, llegara a la dirigencia nacional de la Cámara Mexicana de la Industria de la Construcción. Conocieron de tiempo atrás sus méritos, el alcance de sus objetivos y la visión empresarial que le llevó a una participación creciente tanto en la cámara del ramo en la entidad, en la que fungió como presidente, como, hace aproximadamente una década, en actividades e importantes funciones en el organismo a nivel nacional. Claro, a veces todo ello no basta para lograr la meta ante la fuerza e importancia que tiene la CMIC en el país, pero esto es motivo adicional para reconocerle su perseverancia y esfuerzo.

La semana recién concluida fue buena para Jalisco en su presencia en la iniciativa privada del país. A la vez que Arballo Luján recibía el encargo de la presidencia nacional de la CMIC, otro capitán jalisciense, Manuel Herrera Vega, asumía en igualdad de circunstancias, la dirigencia de la Confederación Nacional de Cámaras Industriales. Ambas posiciones, de manera innegable, constituyen excelente signo de que después de muchos años tales cúpulas cuenten con liderazgos forjados en esta tierra.

Sin embargo, para Gustavo Arballo la cuestión no resultó tan sencilla. Habida cuenta de su intenso trabajo al servicio de su sector, muchos daban por hecho que llegaría a la presidencia de la CMIC desde hace tres años -entonces contaba al igual que ahora con el apoyo prácticamente del total de las 42 delegaciones de la Cámara-. Hubo algunos factores que interfirieron, pero él supo asimilar la cuestión y, en vez de dar pie a una situación de inconformidad que hubiera generado problemas internos, mejor tuvo la paciencia necesaria y prosiguió la intensa labor hasta llegar a su fin. Empero, tampoco así fue nada fácil. Como no había sucedido en muchos años, surgió un contrincante que, pese a contar también con valores, fue impedido de participar por alguna de esas cosas raras que se manejan al interior de las cámaras.

Y hay que decirlo porque Arballo Luján sin duda llegaría a la dirigencia con contendientes o sin ellos. Lo que pasa es que en la CMIC, como en otros organismos del sector privado, los “consejos consultivos” que se integran con anteriores presidentes, se convierten en grupos de notables que llegan a tener facultades en extremo decisorias cuando su tarea, al menos es de suponer, debería concretarse a aportar su experiencia y talento a apoyar y mejorar el rumbo de las cámaras. De ahí que, sin que tuviera nada que ver en ello, Gustavo Arballo tuvo que soportar las críticas sobre su candidatura de unidad cuando el otro aspirante muy difícilmente hubiera alcanzado en una elección abierta realmente disputar tal cargo. Ahora Arballo tendrá que evitar divisionismos y fracturas innecesarias cuando tenía bien lograda la voluntad de la gran mayoría de los constructores de todo México. En otras palabras, no tenía necesidad de que se cuestionara su elección por una determinación ajena, además se pierde la gran oportunidad de que la organización que representa a los constructores formales del país,  evolucione y tenga entre sus prácticas habituales la sana competencia en elecciones abiertas, como ya sucede en sus delegaciones para que sean sus socios los que decidan quién será el que dirija y represente a la CMIC,  tal como lo dictan sus estatutos.

Gustavo nació en Sonora, pero sus estudios y su carrera profesional –es egresado de la Universidad de Guadalajara-, le llevaron al sector de la construcción de Jalisco prácticamente durante la mayor parte de su vida. Su activismo promotor se inició hace alrededor de 25 años, lo mismo que su participación en numerosos cargos a nivel local, incluida la presidencia de la delegación de CMIC, así como en organismos nacionales entre los que figuran el Consejo Coordinador Empresarial, la vicepresidencia de CONCAMIN y desde luego la tesorería, secretaría general y vicepresidencia de la CMIC.

Ahora Gustavo Arballo, junto al equipo que ha conjuntado -liderazgos probados de todas las regiones del país-, enfrentan retos de gran consideración. Nadie desconoce que el desequilibrio financiero del país, los “recortes” presupuestales y otros factores negativos, inciden en toda la economía y hay que recordar que es la construcción quizá una de las actividades más vulnerables, ya que de ella depende un amplísimo sector de la población por su número de empleos y también de la industria abastecedora de materiales. Ante el tremendo impacto esperado, Arballo habrá de confrontar una etapa de las más difíciles.

Por ello, dentro de todo el programa de acción del nuevo presidente de la CMIC, cobra relevancia la importancia que otorga a la transparencia en el gasto gubernamental a la construcción. Si el gobierno ejerce de manera más clara y prudente su gasto, a final de cuentas saldrán beneficiados los constructores que obtendrán mayor participación en la inversión pública. Por otra parte, también el nuevo dirigente apunta sus metas hacia impulsar a las pequeñas y medianas empresas, con el pleno conocimiento y la experiencia de que se trata del sector que mayormente impulsa el empleo y genera gran riqueza.

Quienes conocemos la trayectoria de Gustavo Arballo y hemos compartido con él sus inquietudes y esfuerzos, no sólo estamos orgullosos de que un empresario de nuestro medio haya logrado la dirigencia máxima de esta industria, también sabemos a conciencia que a lo largo del tiempo ha acumulado anhelos y aspiraciones por poner a la construcción en lo más elevado en el desarrollo del país. No se arredra a señalar fallas o desvíos gubernamentales pero, a la vez, tiene todo para encaminar a la industria con una nueva visión y espíritu de cooperación, unidad y superación. Todo ello, desde hace mucho tiempo, forma parte de su naturaleza y de sus metas. 

 

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