Gabinete “recargado”

En la víspera de su tercer informe, el presidente Enrique Peña hizo cambios en su gabinete como los de algún entrenador de futbol en el segundo tiempo. A juicio de compañeros y amigos politólogos -que aprovecho para felicitar por la culminación de estudios de posgrado sobre la materia en el ITESO-,  simplemente es el reordenamiento de su equipo con miras a la próxima elección presidencial o el relevo de algunos de sus altos funcionarios “cansados” o simplemente atrincherar a los más allegados ante un trienio final que no se ve nada halagador para su causa y la de sus colores, menos para los mexicanos. Todo, menos la conciencia de que en realidad el país no anda bien y que lo que se necesitaban eran modificaciones para encabezar los planes y trabajo que más urgen a la nación.

Y así, con un conformismo que espanta, sectores y cúpulas del país no se notaron ni siquiera discretos en aplaudir las designaciones o, al menos, emitir el evasivo “beneficio de la duda” cuando en no pocos de los casos se trata de personas sin experiencia alguna, pero en verdad ninguna, ahora ocupando varias de las principales carteras del Ejecutivo federal. Es sabido que el Presidente puede hacer y deshacer con su equipo, pero no es posible querer hacer pasar por buenas decisiones que finalmente afectarán de una manera u otra a todos los ciudadanos.

Hay que imaginar, a manera de ejemplo, qué mérito o atribuciones puede tener Claudia Ruiz Massieu Salinas –incluso calificando de positiva su tarea anterior en Turismo-, como titular de la de Relaciones Exteriores. Isidro Fabela, Melchor Ocampo, Jaime Torres Bodet, Ignacio Vallarta, Lerdo de Tejada, Mariano Otero y Alfonso García Robles, entre otros sus “antecesores”, debieron darse una revolcadita más en sus tumbas ante tal disparate. Desde que Ernesto Zedillo puso en tal cargo a Rosario Green, nada se le ha visto de valor ni trascendencia a tan significativa posición. Ahora resulta que el acreditadísimo –aunque tampoco diplomático- inminente embajador en Estados Unidos, Miguel Basáñez, tiene de antemano una “jefa” que quizá sólo haya ido a la SRE a renovar su pasaporte. Y qué dirán de ello los cientos de embajadores y funcionarios de carrera nunca tomados en cuenta.

De igual manera, cualquiera descubre la intención de nombrar a Aurelio Nuño en Educación Pública. Cargado de medallas y diplomas académicos, el joven que llegó al equipo cercano a Peña Nieto gracias a su amistad con Luis Videgaray, no tiene a la vista antecedente alguno en el magisterio. Nuño en realidad sí hizo el trabajo tras bambalinas de la reforma educativa y otros pactos políticos, dicen que acumuló un poder en su cercanía con el Presidente que no se tenía desde Córdoba Montoya con Salinas. Así que no es de adivinos suponer que entra en el grupo puntero de la sucesión. Que se cuiden Miguel Angel Osorio y el propio Videgaray.

También se asegura que José Antonio Meade fue “reposicionado” para sumarse a los pretendientes con la “cara buena” de la Sedesol. Después de ser titular de tres secretarías de primer orden en dos Administraciones, la jugada no se aprecia tan clara en ese sentido ya que esa cartera solamente sirvió para llegar a la candidatura a Luis Donaldo Colosio o a la panista Josefina Vázquez Mota. Peor es el caso de Enrique de la Madrid Cordero, hijo de Miguel de la Madrid, quien aunque con preparación innegable, se ha caracterizado por su inclinación a lo financiero y no a la especialidad del turismo. El juniorazgo dista mucho de ser desterrado.

De ahí en más, poner exgobernadores, como a José Eduardo Calzada, premiado de esta forma tras ejercer un buen gobierno en Querétaro que no le valió para que triunfara el candidato priista a ese estado, o a José Reyes Baeza, no revestirán mayor relevancia, como tampoco la tendrá Rosario Robles, a quien se sostuvo con alfileres o a Rafael Pacchiano, buen ecologista pero otro privilegiado por la posición otorgada al Partido Verde en la SEMARNAT. Quizá el que se salva por sus propios méritos es Renato Sales Heredia, jurista bastante respetado y eficiente como funcionario. Al menos el puesto de Comisionado de Seguridad Pública quedó en buenas manos.

Por lo que se ve, no parece muy convincente que se nos presente un “nuevo” gabinete recargado como la esencia misma de un gran proyecto transformador para la segunda mitad de la gestión peñista. Que había cosas que cambiar, era una exigencia, pero hay otras áreas más sensibles que permanecieron intocadas. A Osorio no le llegó ni el pétalo de una rosa tras la fuga del Chapo y a Videgaray igual beneficio pese a Malinalco o a la debacle financiera del gobierno y del país.

Para Jalisco los cambios deben ser más aleccionadores. Aquí el gobernador Aristóteles Sandoval ya efectuó relevos importantes calificados de medianos a buenos, pero asoma el peligro de que caiga en la tentación de retomar el camino del amiguismo privilegiado en dependencias importantes como la SIOP, o que el Congreso siga por las cuotas partidistas y sin perfil con el nuevo Procurador Urbano. Ojalá en su caso el gobierno estatal prefiera la ruta de dar responsabilidades a quien tiene trayectoria, experiencia y honestidad. La verdad, lo sucedido en el gabinete presidencial deja en ello demasiadas dudas que ojalá no se repitan localmente.