Feliz aniversario Guadalajara

Nos cuentan a los que no lo vivimos que cuando Guadalajara cumplió su primer millón de habitantes, la ciudad se convirtió en toda una fiesta. En aquel entonces -junio de 1964- no pasaba por la mente de los tapatíos que la llamada "explosión demográfica" tarde que temprano haría pagar sus consecuencias a los habitantes. Pero, de momento, lo importante era ver llegar a la capital jalisciense a la "mayoría de edad" y verla por lo tanto sumarse a las grandes metrópolis. Casi, casi se trataba de ver a Guadalajara prácticamente aparecer en el mapamundi.

Desde luego que con todo y su nuevo estatus, Guadalajara no tenía los graves problemas que, en cambio, ya padecía el Distrito Federal -hoy Ciudad de México- ya que se podía ir de un lugar a otro en cuestión de minutos. El festejo era tal que cuando nació el "tapatío un millón", hijo de un modesto cartero, el gobierno, el comercio organizado y muchos sectores se volcaron en celebrarlo e incluso se le impuso el nombre de Juan Francisco José, haciendo alusión a los nombres del Gobernador Gil Preciado, el alcalde Medina Ascencio y el cardenal Garibi Rivera.

Ya ha pasado poco más de medio siglo de ese hecho y las cosas han cambiado tanto que vale la pena reflexionar lo que hemos hecho de esta ciudad desde aquel tiempo. Naturalmente que la expansión urbana no se consideraba un problema. Al contrario, las políticas tendían a ir alejando las zonas habitacionales para crear lo que después se llamó "polos de desarrollo". El centro de la capital se iba poco a poco despoblando y así vino un crecimiento desmedido y desordenado que ya nadie ni nada pararía.

Todavía surgieron lo que parecen lejanas voces que fueron dando alertas sobre lo que se estaba haciendo y la necesidad de corregir rumbos. A fines de los setentas e incluso ya en los ochentas, nacieron por así decirlo las primeras agrupaciones y los técnicos y especialistas que hablaban de un tema verdaderamente novedoso: la ecología. Quedaron registrados muchos de ellos y, por citar sólo un par de nombres, el doctor Enrique Estrada Faudón, llamado el precursor de las ciencias naturales en Jalisco y, como un verdadero luchador en favor del medio ambiente, el entonces joven arquitecto Fernando González Gortázar fundaba "Pro-habitat", precisamente para exhibir los gravísimos problemas que se estaban gestando por el crecimiento y advertía lo que se esperaba si se dejaba que la capital del estado seguía su destino dentro de lo que se denominaba "macrocefalia".

Han transcurrido varios sexenios y trienios y cada que llega una Administración estatal o municipal, se habla de los mismos temas aunque, por supuesto, ya nadie se atreve a procurar las soluciones del "futuro" sino que más bien no hayan cómo resolver las del presente. Guadalajara ha dejado de ser una sola ciudad para convertirse en una verdadera metrópoli que absorbe a sus vecinos, los que también van perdiendo la identidad del pasado. Así, ¿quién llamaría ahora a Zapopan la "villa maicera" o a Tlaquepaque la "villa alfarera"? ¿Quién como Pepe Guízar cantaría los "Colomitos lejanos" en este tiempo? La verdad hemos ido dejando en el camino muchas cuestiones importantes y, sin sentirlo, también quizá se ha estado olvidando la esencia.

Y no es cuestión de la inmigración, muy fuerte por cierto, que se constituyó en el factor más poderoso de crecimiento. Desde que los estudiantes del noroeste del país encontraron en Guadalajara su camino y ellos y sus familias se quedaron aquí, o bien a partir de la diáspora de defeños que salieron después de los terremotos del 85, y hasta varias empresas, hay muchos indicadores de que los nuevos tapatíos fueron incorporando modas y modos muy diferentes a los habitantes de origen. Pero, finalmente, toda esa población se ha ido asimilando y al paso generacional son, con todo derecho, tan tapatíos como los que nacimos en esta tierra.

Sin embargo, seguramente la pérdida de una genuina identidad sea el principal riesgo de que se vaya extraviando el sentido de unidad entre los moradores de Guadalajara y ahora de toda su zona conurbada. Ha pasado mucho desde que al gobernador Francisco Medina Ascencio mandó construir el "anillo periférico" para limitar el crecimiento y ordenarlo, con sus "radiales" y vías como Mariano Otero. Y lo más seguro es que muchos problemas se sigan multiplicando.

Hay mucho por hacer en torno a la solución de los problemas urbanos, pero las autoridades poco o nada hablan de que la participación ciudadana se logra cuando se siente verdaderamente unida e identificada con su ciudad. De ahí el término civismo, que entraña la pertenencia a una comunidad política y que rige los principios básicos de la convivencia, del respeto mutuo, de la atención a los menos favorecidos, de la ayuda colectiva y, en fin, de los temas cruciales para mantener la calidad de vida de los habitantes y, naturalmente, mejorarla. Por qué no empezar desde el estado y municipios, un programa ordenado y progresivo que nos recuerde lo que fuimos, recobremos la esencia perdida y nos lleve nuevamente a todos, todos los nuevos tapatíos a sentir que pertenecemos a este lugar, que nos llene de orgullo vivir aquí para así respetar, defender y cuidar la ciudad que es nuestra, que es de todos.

Hay que pensar en todo ello y aunque ya están lejanos los tiempos en que Guadalajara olía a "tierra mojada", ver lo que todavía se puede hacer para mantenerla humana. Por hoy, feliz aniversario querida nuestra Guadalajara.

miguel.zarateh@hotmail.com 
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