Expo, FIL y Raúl

Pareciera que estos tres nombres tienen en común una vida en paralelo, de estrecha vinculación y, por supuesto, se trata de una historia en la que se han entretejido muchas dificultades y retos pero también grandes, enormes éxitos. Primero, claro, fue la sede ferial considerada la más grande e importante de México y con toda probabilidad de Latinoamérica. Para los que lo recuerdan, en 1985 cuando empezó a construirse, no todos abonaban a su realización cabal, menos a su futuro.

Fue el gobierno federal de Miguel de la Madrid, el estatal de Enrique Álvarez del Castillo y en gran medida la participación del entonces secretario de Programación y Presupuesto, Carlos Salinas de Gortari, quienes alentaron y apoyaron a los aguerridos empresarios jaliscienses que se empeñaron llevar a Expo a su terminación. A partir de entonces, es decir de 1987, cuando se escribe una historia de grandes beneficios para el estado, incluso para el país. Todo reflejaba algo de lo que se habla mucho, pero que no siempre cristaliza en hechos: la reunión de esfuerzos públicos y privados para  conseguir ambiciosas metas. Lo que faltaba entonces eran por supuesto, las exposiciones y ahí es donde, desde el inicio de Expo, aparece entre otros Raúl Padilla López, aun directivo de áreas culturales y académicas de la Universidad de Guadalajara y aspirante viable a la Rectoría que después ocupó. Pero el todavía joven licenciado, ex dirigente estudiantil y con una fuerte personalidad en el ámbito cultural, tuvo la feliz iniciativa de organizar una feria del libro que, ya desde su arranque, pasó a ser la más relevante de México. La entrega de los entonces llamados premios de literatura “Juan Rulfo” y otras actividades, también marcaron el camino a seguir.

Ahora, cuando la FIL ha justificado plenamente su carácter internacional, simplemente se convierte en un activo promocional para Jalisco que ya le identifica en los más altos niveles mundiales. Que se sepa, no hay otro encuentro en el país, prácticamente de ningún género, que rebase la calidad, organización y sobre todo afluencia de visitantes de la FIL. Y, claro, los efectos colaterales también son muy positivos: turismo especializado, impulso a la cultura, derrama económica y una dinámica de ventas que es ya factor vital para la industria editorial nacional.

La FIL y Expo demostraron ya los beneficios de una visión que a ambas entidades les caracterizó desde el principio. Podría decirse que nacieron la una para la otra. Aunque Expo empezó una escalada de expansión que prácticamente ha multiplicado su capacidad inicial y mejorado sus servicios de acuerdo a estándares internacionales, tal como lo muestra  el recién nombramiento de su dirigente Horacio Vázquez Parada como presidente del International Association of Exhibitions and Events capítulo México y ni duda cabe que en gran parte la carta de presentación más importante es naturalmente la FIL, apenas superada en el orbe por su similar que tiene lugar en Alemania, país que es cumbre en sedes feriales y actividades de este tipo.

De ahí que el otorgamiento de reconocimientos, como el que recibió Raúl Padilla López del gobierno de Francia, no venga sino a corroborar la estatura de la FIL, pero también, definitivamente, la visión de su creador que, aun cuando las polémicas individuales persistan, no deja de convertirse en esa clase de promotores de los que quisiera el país muchos más.

Y es que Expo, la FIL y Raúl, en realidad muestran a México y seguramente a muchas naciones, la capacidad de los mexicanos para lograr grandes metas hacia el futuro.

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