Ediles o “saltimbanquis”

A veces ni queriendo se puede entender la actitud de algunos presidentes municipales, regidores y legisladores a quienes poco importan las condiciones de sus representados y optan por concentrarse en sus ambiciones políticas. No son pocos, son muchísimos los ejemplos de quienes, luego de recibir el respaldo ciudadano a través del voto, a un tiempo adecuado a sus intereses y sólo para cubrir el trámite legal, van en busca de una continuidad política. Hay quienes hasta argumentan seguir así su “carrera” y, sin más, se lanzan, otra vez, a pedir la voluntad ciudadana y, los peores, hasta garantizan el siguiente puesto con la seguridad que les dan las famosas listas plurinominales de las legislaturas.

Por supuesto que el “chapulinismo” está más que identificado y esto molesta mucho a la población, sin que por ello asome siquiera un poco de vergüenza de parte de la clase política. Al iniciar sus respectivas gestiones, invariablemente se asegura terminarán su periodo, pero esto rara vez sucede ya que desde que se toma posesión ya se están trazando los caminos y las estrategias para el siguiente peldaño. Nada nuevo es esto para nadie, pero esto fue desde antigua época hasta natural. Por ejemplo, se hizo anécdota que importante líder obrero y su esposa cambiaban de manera sucesiva las curules federales y estatales que “les correspondían” y otros hacían lo mismo incluso con las presidencias municipales que permiten no la reelección pero sí la intermitencia.

Sin embargo, la verdad es difícil explicarse cómo siguen sucediendo estas cosas y lo más grave es que ningún partido político parece ajeno a tan nefasta práctica. Hasta ahora no hay uno solo que arroje la primera piedra en la materia, ya que el saltar de un cargo a otro es lo habitual para mantener vigencia, sobre todo en la nómina y en el poder, lo peor es que siempre son los mismos; incluso pareciera que los partidos políticos tienen dueño o dueños y ellos, siempre ellos, son los que se reparten los cargos importantes.

En los días recientes tal situación ha llegado a cuatro de seis alcaldías metropolitanas y quizá pudieron ser cinco y hasta todas, pero las condiciones no favorecieron a dar el brinco acostumbrado a los que, aparentemente, sí mantendrán su posición hasta el fin de su correspondiente mandato, o sean los titulares en Zapopan y Guadalajara.

Con todo, lo que verdaderamente preocupa no es tanto la suerte personal de cada uno sino que el paso de una administración, de por sí relativamente corta, se vea repentinamente interrumpido ya que por más que se quiera y por mucho que se instrumente una sucesión o interinato, las cosas no marcharán igual y con toda probabilidad incluso los programas de obra, servicios y de otro tipo, tendrán que reajustarse a nuevos mandos, a una visión diferente y a criterios también diferentes.

De ahí que en los municipios más importantes del estado, Guadalajara y Zapopan, hasta ahora todo indica que no habrá mayores cambios, si bien en los cuerpos edilicios sí se ha llamado a las suplencias para cubrir a aquellos o aquellas que ya decidieron emprender otro camino. Y no se crea que hubo el colmo de la sinceridad en ello. Lo que pasa es que en Zapopan quizá no se dio la circunstancia deseada por el alcalde –quizá una plurinominal de las más seguras- y en Guadalajara de plano las cosas no están para modificaciones cuando el trienio de Ramiro Hernández ha sido uno de los más accidentados entre todos los municipios de la entidad e incluso de los peor calificados en la historia reciente del municipio.

En cambio, Alfredo Barba Mariscal fue el primer alcalde en hacer mutis y orgullosamente pidió licencia “por tiempo indefinido” luego, según dijo, “de dejar mejor al municipio que recibí” para ir en pos de una silla legislativa. Su vecino, el alcalde de Tonalá, Jorge Arana, se fue por la vía de la licencia, pero de “noventa días”. En este último caso, más inexplicable resulta que su partido, el PRI, lo premie con una plurinominal de alta posibilidad para regresar al Congreso del Estado donde ha dejado en papel similar pasado, junto con otros, un siniestro legado de problemas y de posibles anomalías y daños al erario. Me pregunto si los que deciden en el PRI no se dan cuenta de que la imagen del aún hoy alcalde es pésima y arrastra con ello al partido entero.

Y aunque parezca repetitivo, en El Salto –otra vez- el alcalde Joel González de nuevo cuenta con el aval del priismo para hacer honor al nombre de su municipio en el que ha fincado su feudo al que ha tomado de bimbalete familiar para cambiar de puestos. Y si se cree que esto solamente tiene tintes tricolores hay que ver que el presidente de Tlajomulco, Ismael del Toro, con el respaldo de su Movimiento Ciudadano, también deja la responsabilidad por la que tanto se sacrificó, para lanzarse al siguiente cargo. Y aunque algunos lo quieran ver como algo audaz, en todos estos casos no hay nada de eso puesto que, de no irles bien, tienen la opción de regresar a la presidencia, y algunos ya lo planean aunque tengan éxito. No sueltan una, pues.

Pero mientras estos émulos de acróbata –también llamados con propiedad simplemente saltimbanquis-, van una vez más por lo suyo, los problemas cotidianos de los municipios terminan por acentuarse, ya que los liderazgos no se hicieron para tanto brinco. Hay que ver el tema de la obra pública que precisamente este año será determinante en la zona metropolitana, igual que las acciones que deben coordinarse con otros niveles de gobierno, como es el caso de la nueva línea del tren, movilidad y muchas más. Que se encarguen los suplentes, dirán los ediles chapulines, al cabo que para eso está la ciudadanía, para refrendarles una y otra vez su apoyo y así sigan aprovechando sus puestos, ni qué dudarlo, solo en beneficio propio.  

 

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