Deterioro urbano

Parece que los temas de la ciudad van más por la vía del escándalo y las ambiciones políticas que por la necesidad de atender grandes  problemas –que sobran– y que finalmente deberían constituir la parte medular de la actuación municipal. Y valga tal apreciación prácticamente para toda la zona metropolitana de la capital jalisciense ya que mientras se pierde tiempo y quizá mucho dinero en pugnas, dimes, diretes y demás, basta con salir a las calles para observar el deterioro, la caída libre de servicios públicos fundamentales y el desorden.

Sin excluir las responsabilidades presentes, tampoco hay que olvidar que este caos urbano es resultado de varias administraciones que han descuidado el área conurbada o que no han sabido aplicar recursos de la mejor manera, planear inversiones e incluso convocar a la población para que también haga su parte en la tarea. Mientras nos acostumbramos a ver en nuestro entorno cómo se siguen destrozando calles y banquetas, se acumula la basura, se caen casas a pedazos, –hasta las de valor histórico o arquitectónico– y los servicios generales cada vez menos eficientes, la vida política de todos colores sigue campante, se adueña de todo y solamente proyecta su beneficio partidista o personal hacia el futuro, no el de la ciudad a la que sirve.

Los ejemplos abundan pero no hay que ir lejos para advertir la dimensión de los problemas. Tres símbolos de lo que pasa pueden encontrarse en el derrumbe de dos edificios, uno apenas construido, el del hospital zapopano y otro antiguo, el mercado Pedro Ogazón en la colonia Morelos. Las razones y causas son distintas y llevaron a algunas acciones, más bien reacciones  inmediatas de las autoridades, otro el estado deplorable en que se encuentran calles, banquetas, camellones y guarniciones en prácticamente toda la ciudad pero, en lo general, únicamente se trata de descuidos irresponsables.

Y de la misma manera hemos visto la realización de algunas grandes obras viales, como la pavimentación a base de concreto de importantes avenidas mientras que sus calles afluentes siguen intransitables por la cantidad de baches. De las banquetas, ni hablar, y no es que esperemos regrese aquella época de armonía del paisaje que buscaron hace más de medio siglo quienes cubrieron las vías peatonales del centro citadino con el hoy ya tradicional  mosaico, ya de menos esperamos no caer de repente en algún agujero o tropezar con cables y otros obstáculos.

Nadie atina cómo resolver el problema de la basura –asunto ecológico y de salud pero también de imagen–, ya que desde hace muchas décadas cuando se intentó procesar industrialmente para generar recursos, nada importante se ha logrado como no sea buscar depósitos enormes para alojar los más de mil gramos de desechos que generamos cada habitante diariamente.

Todavía se habla y hasta con avidez acerca de una regidora que alborotó la gallera política con sus desplantes por un asunto vinculado a cementerios aunque no todos tienen presente que el daño real está, otra vez, en el descuido. Espacios en los panteones públicos pronto no habrá y de mantenimiento, ni mencionarlo. Y, en otro caso, los servicios médicos municipales, no están desde luego en su mejor momento.

Claro que hay que reconocer que algunas obras tratan de significar avance, como la pavimentación de diez vías  tapatías, por cierto con fondos federales, o similares en municipios conurbados. También hay que esperar que funcionen programas como el de la remodelación de dos mil fachadas en el centro histórico, esto con la colaboración del patronato del ramo.

Un alcalde tapatío en el pasado gustaba afirmar que el Ayuntamiento debe ser como una empresa de servicios. Claro, una empresa que busca salir adelante ve ante todo por la sana inversión y su manejo honesto y eficiente, la productividad de sus empleados, la planeación adecuada y el desarrollo de un proyecto viable con metas y objetivos. Si vivimos un deterioro urbano tan lamentable quizá no sea otra cosa que el olvido de ese principio de eficiencia y bienestar común que tanto parece haberse relegado.

@MiguelZarate_12