Decisiones y decepciones de fin de año

En el tráfago que siempre precede a la época navideña generalmente se pierde la dimensión y trascendencia de hechos y decisiones que, sin duda, afectarán seriamente a la entidad. Por ejemplo, estamos a unos días de que determinen los legisladores locales quién sustituirá al actual titular de la Auditoría Superior del Estado, Alonso Godoy Pelayo, una de las figuras sin duda más nefastas que han cruzado por la vida política del estado, como también habrá de elegirse en el seno del Tribunal Superior de Justicia al nuevo presidente de ese Poder tan definitivamente desacreditado por sus actuaciones y que era encabezado por un titular que quién sabe cómo llegó a tal nivel teniendo hasta antecedentes penales.

Sin embargo, a pesar de tan dramáticas experiencias, las cosas no parecen distintas en cuanto a la forma en que los responsables encaminan la toma de esas decisiones. Ciertamente hay algunos destellos de corregir errores pasados, pero las fuerzas políticas no ceden tan fácilmente. ¿Por qué llegan a tan altos cargos personas que están tan lejos de cubrir requisitos mínimos, ya no digamos de capacidad, sino de solvencia moral y sentido de responsabilidad? Sencillamente por la componenda, el arreglo bajo la mesa, los acuerdos ocultos que los protagonistas de distintos partidos y corrientes toman para proteger sus intereses.

Y vaya que para eso no hay diferencias. Podrán públicamente los políticos de distintos colores decir lo que quieran y atacarse unos a los otros, pero, llegado el momento de designar a alguien que en teoría ha de convertirse en factor común, pues lo más fácil es simplemente acordarlo en común. La permanencia de Godoy Pelayo, por ejemplo, nada menos que al tiempo de cuatro legislaturas, es uno de los más insólitos casos.

Bajo el amparo, o debería considerarse contubernio, del propio Congreso, el afortunadamente saliente “auditor” deja una estela de malas experiencias que van desde sus aguinaldos millonarios y sueldo mayor al del Gobernador, hasta sus cuestionadas acciones, como la entrega de millones a su suegro por venta de formas valoradas, la poco transparentada construcción del nuevo edificio de la ASEJ, la compra de una flotilla de vehículos de lujo, etcétera. En otras palabras, nada ni nadie lo detuvo. ¿De qué tamaño serían los compromisos para con él? ¿qué tanto se ocultó, principalmente entre gobiernos priistas y panistas, para permitir tanto desmán? Pero a Godoy, hay que darlo por seguro, nada le pasará puesto que quién sabe qué tanto sabrá. Y lo peor, por lo que se ha visto en los días recientes, los prospectos a la sucesión en tal organismo no pintan nada bien. ¡Más de lo mismo!

En el caso del Tribunal, igualmente se juegan las últimas vencidas en una intensa puja por el poder. Al igual que algunos de los actuales magistrados que llegaron hasta sin experiencia judicial, el caso del “renunciado” Luis Carlos Vega Pámanes es arquetípico. En una verdadera vorágine de intereses, el Poder Judicial va por una nueva presidencia basada, de nueva cuenta, en contrapesos políticos. De ahí que no resulte extraño que retomen el control cartuchos quemados o requemados que lanzaron su postulación, sino quizá alguno de los “colados” que representan a tal o cual fuerza o personaje. En otras palabras, ¡más de lo mismo!

Y ya que de fin de año se trata, no hay que olvidar otros frentes que, en cierta forma, involucran más la vida cotidiana del ciudadano. Si de decepciones se trata, quizá haya que otorgar lugar de primacía a la Secretaría de Movilidad. Y vaya que es decepcionante que, como dicen los tecnócratas, con todo el “expertise” que traía Servando Sepúlveda, esté llevando a esa dependencia a uno de sus más altos niveles de ineficiencia y desorganización. Interna y externamente esa Secretaría es un desastre. La vigilancia, uno de sus deberes digamos primarios y elementales, carece virtualmente de instrumentos, de vehículos, incluso de personal suficiente, pero, sobre todo, de inteligencia. Cualquiera lo ve en las zonas críticas. Ahora con los cierres por obras –algunas ejemplares por la coordinación entre niveles de gobierno como la de López Mateos y Periférico (especial palomita a Pablo Lemus, a su director de OP, David Zamora y al secretario de la SIOP, Netzahualcóyotl Ornelas)-, lo que queda de manifiesto, como en muchas otras acciones de este tipo que constriñen la circulación vehicular, es la inoperancia de la Semov, su falta de criterio para determinar vías de desfogue, el sentido común para dar un poco de alivio al irremediable caos que se propicia, también, por la ausencia de agentes, de señalamientos, desviaciones estudiadas, rutas alternas adecuadas e informadas, etc. Nada de eso aparece en la Semov aunque existan organismos como el Instituto de Movilidad y Transporte que aporta expertos a los que Sepúlveda parece simplemente no hacerles caso. Me pregunto si el gobernador estará enterado o es acuerdo para generar caos con algún otro fin electorero. Así, entre la soberbia e ineficiencia de unos y la transición de organismos públicos con los dados cargados del poder político, avanzamos hacia un fin de año con más decepciones que motivos para pensar que algún día habrá prioridad hacia la legalidad, el orden y el bienestar social en la toma de decisiones.

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