Corte de Caja en Seguridad

Al cumplir un año efectivo en el poder, el gobierno de Aristóteles Sandoval debe hacer un genuino corte de caja en lo que a seguridad se refiere. Cierto que hay muchos otros aspectos que tienen que ver con el tema pero mal se haría en no reconocer que la percepción pública sigue distante a lo positivo que uno quisiera.

A unas semanas de la insípida “glosa” por parte de la Legislatura Local, todo indica que ya empiezan a madurar algunos de los proyectos estatales para pasar a los niveles ejecutivos. Entre ellos los referidos a la inversión pública, como la serie de obras viales y de movilidad, anunciada en días pasados y que merecen un análisis, aunque parecen ya el despegue formal en este rubro.

Da la impresión de que Jalisco es una isla dentro del contexto de violencia y crimen que se vive en otros puntos del país, incluyendo algunos tan cercanos como Michoacán. Es casi una tradición de los gobiernos jaliscienses que si se presentan hechos delictivos graves,  se consideren oficialmente como “hechos aislados”. Hace un año que se anunciaron los grandes cambios en la cuestión de seguridad, se creó una Fiscalía General y hasta para encabezarla se hicieron cambios forzados. Así se vieron las posibilidades de que una sola persona, con experiencia sobrada en materia policiaca no tanto jurídica, cambiara el estado de cosas y pusiera a salvo a Jalisco de la expansión del crimen. Empero, un operativo militar y federal reciente puso en evidencia que este estado sigue siendo de las sedes preferidas de la delincuencia.

El manejo de estadísticas un tanto maquilladas –todos los gobiernos lo hacen-, no ha convencido a los quizá miles de jaliscienses que han sufrido el ataque de la delincuencia en su persona o bienes. Apenas el fin de semana se encontraron más cuerpos en la enésima fosa clandestina, lo que ya arroja un promedio de al menos diez al mes en lo que va de la administración. Mal, además, se ven las autoridades cuando también manejan la cuestión con fines políticos, como Tlajomulco.

Dentro de varias esferas sociales, como los organismos de la iniciativa privada, tampoco los comentarios suelen ser positivos acerca de la seguridad. Al contrario, abundan los señalamientos por robos de vehículos a mano armada, asaltos a domicilios, comercios, extorsiones y el aterrador secuestro. En cambio, en vez de conceder una explicación, la Fiscalía General opta por las salidas fáciles, una de ellas tan absurda como atribuir la escalada de delitos a que “ahora sí” estos ya se denuncian, antes no.

Lo que no puede negar la arrogante Fiscalía General es que persiste el temor social a la delincuencia. La sensación de inseguridad no se da simplemente como si fuera una paranoia colectiva sino por los hechos que se viven en carne propia o entre los vecinos, amigos o conocidos. No todos, como el Fiscal General, pueden rodearse de un ejército de guardaespaldas paramilitares hasta para ir a tomar café a un restaurante. La inmensa mayoría de la población está inerme e indefensa ante los embates de los delincuentes.

De ahí que sea importante que la administración de Aristóteles Sandoval realice ese “corte de caja” y llegue a una conclusión real de la seguridad en el estado. Reconocer la realidad y afrontarla es mejor siempre que darle matices poco creíbles y que solo hacen desconfiar de la autoridad. En esta materia, para el gobierno actual ya pasó un año, y contando.

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