Nuestras propias contingencias

"Nada qué ver con nosotros", dirán algunos locales con respecto a los problemas de contaminación en el valle de México y que en días recientes obligaron a la toma de medidas drásticas en la ciudad capital, especialmente en cuanto a la circulación de vehículos. Y es que en Jalisco, o más preciso en la zona de Guadalajara, el tema se sigue ventilando con criterios simplistas o con medidas tímidas, muchas veces pasando por el sensacionalismo noticioso y hasta por el oportunismo político.

En la contingencia vivida en la Ciudad de México vimos cómo los políticos llegaban en el "Metro" a sus labores y, con la indumentaria deportiva de un profesional, viajaban hasta en bicicleta, claro todos ellos ante cámaras y periodistas que, con el apoyo de sus operadores en comunicación, aseguraban estuvieran presentes. Esto no nos parece extraño ya que aquí también sucede cuando se trata de aparentar o justificar medidas que se adoptan, al menos en el papel, para frenar el problema de contaminación real que padece la zona metropolitana tapatía. De repente muchos de tales políticos se bajan de sus aparatosas y blindadas camionetas para dar el "ejemplo" -aunque sea por unas horas o minutos-, de la importancia en el uso de vehículos no motorizados.

Claro, no faltan las "soluciones" inmediatas sugeridas, como es la aplicación aquí del programa "hoy no circula", cosa que dicen con facilidad quienes tienen la cochera llena de vehículos pero que no resulta tan sencillo para los miles y miles que no disponen más que de solamente uno para trasladarse desde las lejanas colonias populares hasta sus sitios de labor. Y es que la diferencia entre la capital mexicana y la zona tapatía es bastante obvia: allá el transporte público sí es, con todo y sus defectos y saturación, una opción válida pero acá el sistema sigue tan atrasado y desarticulado que por algo se ha incrementado el número de vehículos de motor más del cien por ciento en una sola década.

En hacer leyes no paramos, tampoco en lo que toca a programas, planes, comités, comisiones, organismos burocráticos y toda clase de pretendidas acciones en torno al problema de contaminación ambiental. Tanto las autoridades estatales como las municipales y de vez en vez hasta las federales, se manifiestan y anuncian las medidas urgentes y radicales. Sin embargo, lo cierto es que hasta ahora nada ha impedido que la contaminación avance. Según datos de investigadores especializados, tan solo en los dos primeros meses de este año casi el 60 por ciento de los días ha mostrado por momentos niveles graves de contaminación. Y hay puntos en que los temidos 150 "imecas" han sido rebasados con el consiguiente perjuicio para los habitantes.

Esto ya no es una cuestión de adivinanzas ni de tremendismos al estilo de "cuando el destino nos alcance". Estas posturas ya pasaron, ahora hay que enfrentar una realidad puesto que ni por asomo se ve la efectividad. Por ejemplo, en la famosa verificación vehicular se muestran más fracasos que en cualquier otro programa anticontaminante. Que si se aplica, que si se sanciona, que si no, que los propios talleres autorizados se quejan y hasta demandan ante la falta de "clientes" por la pasividad de las autoridades para exigir verificar vehículos. Los datos son elocuentes: solamente uno de cada tres vehículos se verifica. Y esto sin contar, además, los problemas de corrupción, en talleres, en agentes viales y etcétera.

Activistas de todo tipo se pronuncian y lanzan voces de alerta pero luego bajan las estridencias y, seguidamente, las autoridades igual bajan la guardia. Por otro lado, no se resuelven los problemas que causan mayormente la nube contaminante que aprecian visualmente los que vienen del aeropuerto o de Zapotlanejo. El transporte público, los vehículos de carga, la inacabable realización del macro-libramiento -pospuesto una vez más-, la misma obra pública bajo total descoordinación, falta de señalamientos, ordenamiento de rutas de trasporte público y pesado, sin horarios estudiados, sin control vial alguno. Y podríamos seguir abarcando temas que parecen infinitos, que van desde el descuido de áreas verdes hasta la "toma" del centro por manifestantes, con los efectos colaterales en la contaminada vialidad.

Guadalajara y su zona definitivamente no están preparadas para afrontar una contingencia como la sucedida en la Ciudad de México. Aquí no se cuenta con un sistema eficiente de transporte que pueda paliar la situación, ni hay vialidades realmente nuevas y, lo peor, quizá, no hay conciencia y menos voluntad para llegar a soluciones realistas y eficaces. Mientras, el fenómeno de crecimiento poblacional y la dispersión urbana han acentuado un incremento vehicular que ya supera dos millones de unidades en el área metropolitana.

La amenaza de contingencia es más que real, sin contar muchos otros factores contaminantes minimizados -como los industriales- y, en tanto la cuestión sigue en los debates y discursos, en los planes y programas a futuro, lo cierto es que el destino nos alcanzó y puede llegar a ser peor que en la Ciudad de México. Aunque usted no lo crea. 

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