Aristóteles, ¿un gobierno sin excusas?

A veces parece que al gobernador Aristóteles Sandoval no le corre el tiempo, pero valdría la pena recordar sus propias palabras en aquel 1 de marzo de 2013 cuando en su toma de posesión afirmaba en forma categórica que “no debe haber excusas para no dar resultados”, al referirse entonces a su “innovadora” estructura de gobierno. Así lo pensamos y aún creemos es la filosofía del mandatario jalisciense pero, la verdad, ya es hora de que se vea en los hechos.

Tras la estrepitosa derrota de su partido en el estado, al Gobernador se le han complicado las cosas, mucho más ahora que un político afín se ha sumado, uno más, a la lista de hombres públicos asesinados, y aún sin convincentes aclaraciones, durante su Administración, el de Javier Galván. Encontrar de nuevo el rumbo no se ve tarea fácil para la segunda mitad de su gestión, prácticamente cercado por municipios ajenos a sus colores y una diputación local y federal que todo serán, menos sus incondicionales. De manera que en estos tiempos de transición política, habrá que sacar casta Jorge, y mucha inteligencia, para sobrellevar lo que resta de tu sexenio en mejores términos.

Sin embargo, los primeros signos de “cambio” no se ven muy afortunados. Al anuncio bastante claro de que habría relevos importantes, apenas se han dado los de sus enviados a ser soporte de las campañas priistas, o sea Alberto Lamas Flores y Sergio Ramírez Robles. El primero sin duda fue quien más le pesó ya que de jefe de Gabinete fue enviado de representante del gobierno estatal al Distrito Federal, a fin de cuentas un confortable y aparente destierro que no le impediría su cercanía en el centro de mando.

Ramírez Robles, por su parte, fue retirado del Sistema Jalisciense de Radio y Televisión y enviado a una especie de vacaciones a Puerto Vallarta, de seguro a continuar su línea de confrontaciones con los gobiernos municipales naranjas. Este funcionario, respaldado quizá por Arturo Zamora (recuérdese su papel en la campaña cuando éste fue candidato a  gobernador), había llegado ahora procedente de un agrio despido del gobierno poblano de Rafael Moreno Valle y de otras controvertidas tareas en los gobiernos federales panistas. Empero, al igual que Lamas Flores, Aristóteles Sandoval los “reubicó” simplemente donde no fueran blancos mediáticos.

Ahora vendrá lo bueno. Hay sectores que están cerrando filas para que el Gobernador actúe para corregir las más graves fallas de su Administración. Lo más relevante será el muy posible cambio en la Fiscalía General, pero nada sencillo ya que Luis Carlos Nájera se sigue manteniendo merced a ciertos apoyos privados y seguramente de quien lo encumbró, el senador Zamora. Lo malo para él es el rechazo del gobierno federal a su función, el descontento del gabinete de seguridad de Peña Nieto y, en Jalisco, los señalamientos discretos pero claros de la Universidad de Guadalajara a través de su Rector, en cuanto a que habría que evaluar ya qué tan conveniente fue la fusión de labores de procuraduría y policía estatal en la Fiscalía. La experiencia ha mostrado que al menos Nájera no ha podido ser acertado en las dos cosas.

Y luego un organismo representativo como el Observatorio Ciudadano de Movilidad y Transporte Público del Estado de Jalisco, de plano se ha pronunciado por la salida de Mauricio Gudiño, otro de los intocables del actual Gobernador y de quien en principio, se recuerda, incluso iba a jugar el rol de un “supersecretario”. A estas alturas nadie sabe qué ha permitido que tan ineficiente y controversial funcionario se haya mantenido en el cargo. Mauricio no encuentra el rumbo y como él, hay otros que sería conveniente revisar ya que en mucho contribuyeron a una condición que sin duda derivó en inconformidad social y en la búsqueda de otras opciones políticas.

Y a propósito de estas últimas, quisiera poner énfasis en la refrescante alternativa ciudadana personificada en Pedro Kumamoto, recién lo conocí, tan solo para reiterar el beneplácito general que ha causado su elección como independiente, dado el origen genuino de su actuación a la que se ve con esperanzadora promesa de los verdaderos cambios y transformaciones de una nueva generación política por lo menos en nuestro estado.

También valga este espacio para recordar a Javier Galván, cuya violenta muerte contrasta, al menos para mí, con la de un buen hombre dado que siempre me pareció un político de reciedumbre priista, pero capaz de entender la función pública, privilegiar el diálogo, siempre comportándose a la altura y de manera educada. Descanse en paz.

Por último, observar que el panorama no se vislumbra fácil para el gobierno de Sandoval y, en cambio, un grupo político fuerte opositor pronto entrará en funciones que le permitirán concentrar la atención ciudadana e ir diluyendo la del mandatario de la entidad. Así que no hay mucho espacio para contemplaciones ni para cambios simulados o relevos premiados, como todo indica se empiezan a dar. Hay que tener presente que él mismo integró su gabinete con mayor presencia política que técnica y especializada. Y como él lo señaló cuando asumió el gobierno luego de tres sexenios panistas: no hay excusas para no dar resultados. Si no, habrá sido el saludo y despedida del PRI, y bien lo sabe Aristóteles.  

 

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