“Amigos” en los equipos de gobierno

La cuestión es sencilla: se cumple con los ciudadanos o se cumple con los amigos. Sucede con frecuencia en el mundo de la política. Y es natural que en los gobiernos de distinto nivel quienes arriban como parte de un “equipo”, no siempre sea resultado de una elección curricular, de experiencia o de nivel profesional; sabemos que aun cuando se tengan algunas cualidades, se llega por la vía de la confianza generada principalmente en la amistad.

Pero no es la amistad en sí lo criticable del asunto. Para nada. Hay buenos amigos, digamos los más auténticos, que saben hasta qué punto pueden  afectar en vez de beneficiar al gobernante que los convocó y, entonces, suelen tomar acciones honestas como la de retirarse a tiempo. Otros -¿la mayoría?-, prefieren quedarse a ver hasta dónde es posible se les permita hacer lo que quieren y eventualmente, ya por necesidad o por cuestiones francamente insostenibles, se vean obligados a renunciar.

Luego está el problema del compromiso que los gobernantes también contraen con sus supuestos amigos en el proceso de llegar al poder y que, una vez ahí, habrá que “compensar” de distintas formas, una de las cuales es integrarlos precisamente al equipo, ponerlos en nómina y, lo más peligroso, otorgarles confianza para desempeñarse en una responsabilidad. Nada de esto suena nuevo para nadie, pero los problemas surgen precisamente cuando los “amigos” en el equipo de gobierno empiezan a fallar, se marean por el poder otorgado, comienzan a hacer cosas a espaldas de su jefe, actos prepotentes, a cometer errores sin reconocerlos y menos corregirlos, a realizar actos que ponen en entredicho la confianza entregada y cosas por el estilo.

Lo peor está que no siempre el gobernante puede dar un simple manotazo y acabar con estas situaciones ya que por un lado quizá subsistan otros compromisos no tan evidentes como el agradecimiento o la amistad sino hasta con terceros que representan influencia o conveniencia política. Además, muchos de esos llamemos no tan buenos amigos de los gobernantes, cuando son descubiertos y señalados por los medios de difusión, a veces se sostienen por la simple inercia que les da una aparente e inexplicable ventaja, la de que el gobernante no puede “ceder” o “dar su brazo a torcer” ante un, como lo llaman a veces, “ataque de la prensa”.  Y entonces optan por esperar, quizá mucho más de lo conveniente.

No entendemos muchas veces porqué los gobernantes se empeñan tanto en sostener a sus “amigos” en sus equipos. Ciertamente también hay quienes son más vulnerables que otros, tal vez por la naturaleza de su función, y aunque no la hacen tan mal, suelen merecer segundas o terceras oportunidades, Es decir, aguantan más los señalamientos públicos. Pero esto no puede ser eterno. Lo vemos por ejemplo a nivel nacional. La verdad cualquiera piensa que no le estaría yendo tan mal en imagen al Presidente de la República si ya hubiera sacado la guillotina en su equipo. Quizá no tenga toda la culpa pero si el Procurador o el titular de Seguridad no me están dando un resultado satisfactorio ante el reclamo colectivo, pues con todo y que sean mis amigos les puedo decir adiós o mandarlos a un sano y confortable puesto de tantos que hay. Pero nada, las cosas siguen igual y las consecuencias también.

En el caso de Jalisco también hay muchos ejemplos de esos “amigos” que llegan con los gobernantes y que tampoco dan la medida ni el ancho. Así desde un principio llegó el titular de la Secretaría de Movilidad, Mauricio Gudiño, quien después de batir y rebatir la dependencia, inicialmente se recordará siempre con la aspiración puesta en la Presidencia Municipal de Guadalajara, ha conseguido ser uno de los primerísimos lugares en cuestionar dentro del equipo del actual gobernador  Jorge Aristóteles Sandoval. No es un comentario, son los hechos que se ven cotidianamente, en las calles, en los programas viales, ya no digamos en el punto central de todo, el transporte, tema en el que está visto y comprobado que el titular de Movilidad, el “amigo” del Gobernador, aunque ha tenido algunos aciertos, no ha podido ni creo  podrá.

Quizá al Gobernador se le pueden maquillar muchas cosas, con informes, versiones, opiniones, encuestas, presupuestos, qué sé yo, acerca de lo que piensan los ciudadanos en torno al área de Movilidad y dependencias en las que influye  pero, la verdad, sobre todo ante el advenimiento de la temporada electoral, tendría que reconocer que su “amigo” Gudiño le puede quitar, por su actuación, miles y miles de votos a su partido. A la gente no le molesta que haya orden, le molestan todos los abusos en la calle, la corrupción, los actos de prepotencia personales,  la “foto-infracción” recaudadora y no reguladora, la prepotencia persistente del pulpo camionero y tantas cosas más. 

Soy de la idea, bastante fundamentada por cierto y fincada en observaciones y experiencias profesionales, que Aristóteles Sandoval es un buen gobernante, cuya sinceridad en actuación no me deja lugar a dudas. Por eso estoy seguro que, una vez cumplidos los humanos compromisos de la amistad, tome ejemplos como éste para poner fin a los desmanes de quienes han abusado precisamente de ella. Para el Gobernador como para todos aquellos que llegan a una posición con el mejor espíritu de servicio, la confianza no es poca cosa, tampoco la verdadera amistad, salvo la que queda entre comillas, la de los que no entienden la lealtad al amigo que les dio la oportunidad de ser funcionarios de bien.