El Escritorio

Un fantasma recorre Europa…

Aquello dicho por Marx y Engels parece vigente hoy día. No es el fantasma del comunismo que ellos vaticinaron; es el fantasma de los populismos nacionalistas que pueden poner en juego mucho más que un orden económico, un orden político y social. Este es un tema toral que pone sobre la mesa la salida de la Gran Bretaña de la Unión Europea, decidida en plebiscito la semana anterior.

Lo expresado en las urnas por los británicos muestra un viraje hacia una extrema derecha que hace evidente los radicalismos en el horizonte europeo; el Frente Nacional de Le Pen en Francia, la aparición de la ultra derecha en Austria, el partido GeertWilders en Holanda que propaga el miedo, ideas homofóbicas y anti musulmanas; el Partido Populista Alternativa para Alemania; el Partido Popular de Dinamarca; todo ello alimentado por la crisis griega, la guerra de Siria con sus miles de refugiados, los ataques terroristas en París y Bruselas, el estancamiento global de la economía y un proyecto social europeo que se ha desgastado. Al tiempo, Vladimir Putin en Rusia se frota las manos viendo el Brexit como un espaldarazo a su propio proteccionismo, y fijándolo a la cabeza de una nueva tendencia.

Esta oleada conservadora aparece con tintes de volverse una epidemia global cuando vemos a la derecha en Estados Unidos enalteciendo a un Donald Trump que expresa sin pudor ideas xenofóbicas, al predicar el odio a los mexicanos  para hacer valer su idea de que por culpa de ellos “América no es grande”.

Este fenómeno global pone en juego el sentido mismo de la democracia. En el caso británico la permanencia o no en la UE, ¿es una decisión que debieron tomar los electores ante una urna? O ¿es una decisión técnico política que correspondía delegar a sus instituciones?

Como parte de una campaña electoral (que lo fue), el gobierno Inglés minimizó los riesgos y confió demasiado en que los ciudadanos votaran a favor de la permanencia, sin embargo, soslayaron lo que podía representar para ciertos grupos que hoy ven en este triunfo la derrota del sistema y del status quo que gobernó a Europa desde finales de la Segunda Guerra Mundial.

En México y Latinoamérica no estamos exentos de políticos que con tal de ganar votos pongan en riesgo las instituciones democráticas, con radicalismos populistas que igual pueden ir de izquierda a derecha.


miguelmerya@gmail.com