El Escritorio

El alcalde desplumado

Los patrimonios históricos son uno de los bienes culturales más importantes de una sociedad, sirven para vincular a los ciudadanos con su historia y su deterioro será perjudicial para la supervivencia de nuestra identidad como coahuilenses.

El alcalde de Monclova, Gerardo García Castillo, faltó al respeto a los coahuilenses el día 14 de mayo al casar a su hijo Gerardo García Esquivel a pesar de que el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) prohibió la boda, porque el Museo Coahuila-Texas es un edificio protegido que data del Siglo XVII y cuyo valor histórico trasciende ya que también fue usado como prisión para los insurgentes Miguel Hidalgo, Ignacio Allende, Juan Aldama, Mariano Jiménez y Mariano Matamoros.

“Puro chile que nos cambian” exclamó durante una transmisión de periscope uno de los hijos del alcalde panista, “Y si hubiera sido así, pos lo hacemos en la plaza, papá”, remató el propio García Castillo al ser cuestionados por la ciudadanía monclovense sobre si realizarían la boda en el edificio emblemático después de que el propio INAH prohibió que se llevara a cabo una fiesta privada. (Revista Proceso).

Como dice Gurdjieff, George “Sólo quien sabe cuidar lo ajeno puede poseer lo propio”.  Y es que no queda  ahí la cosa, pues se le ocurre hacer un orrendo "monumento a Francisco I. Madero" que coloquialmente los monclovenses llaman el "rallador" el cual reporta un costo de $6,377,101.14. El alcalde panista debe ser debidamente castigado por el estado de derecho, es inadmisible que un servidor público se de el lujo de utilizar un edificio histórico con fines personales, una clara muestra de que García Carrillo tiene un nulo respeto y civismo por los bienes tangibles que dan cimiento y forma a nuestra identidad como coahuilenses.

Esta falta de respeto al patrimonio histórico de los coahuilenses es una prueba más de que los gobiernos del Partido Acción Nacional carecen de sensibilidad, ética y respeto por los coahuilenses, de la misma manera en que otros gobiernos de su partido han atentado contra la privacidad de los coahuilenses, contra los derechos de empresarios del carbón y otros tantos a los que en realidad han usado. El pan en una década ha sido el peor partido en el gobierno. Su realidad interna así lo demuestra. Su discurso ha quedado obsoleto.


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