La Única Constante

Me duele la cabeza y me tiemblan los ojos de tan sólo imaginarnos en 2017.

Hace aproximadamente dos años me ausenté de esta tribuna, tanto MILENIO como yo reestructuramos nuestras realidades laborales y con un abrazo de auténticos compadres, cada quien se dio su medio vuelta.

Me fui y regreso con el sol, sonriente, enérgico y maravillado al comprender cada vez más y cada vez menos este mundo de claroscuros. Dos años son harta tela para cortar y darle forma a toda clase de tesis en la vida, así es que el día de hoy les presento una de las que más me entretiene en los momentos flojos del día: el mundo y sus dinámicas cambian de manera constante, abrupta e impredecible; a ritmos vacunados contra la prospectiva o la videncia.

Para aterrizar todo esto les comparto una radiografía del mundo en el momento en el que dejé MILENIO marzo 2013): Peña Nieto recién se había ajustado la banda presidencial, Elba Esther estrenaba celda, Hugo Chávez vivía y el mundo aún no conocía al Papa Francisco. #madresanta.

En dos años Ícaro Peña Nieto voló hasta el cielo y luego se desplomó, la miss entró y salió del bote, la estabilidad política y económica venezolana murió junto con Chávez, y tanto el mundo religioso como secular encontró en Papa Frank una nueva y muy necesaria figura paterna.

No creo saber de genio alguno en el mundo que pudiese haber predicho uno solo de estos acontecimientos y sus disruptivas consecuencias; sin embargo, ahí están. Vivimos en un mundo con dólares de a 15 pesos y de 50 dólares por barril, de partidos radicales minoritarios tomando escaños mayoritarios en Europa, de un Raúl Castro bailando salsa con Estados Unidos, de un posible tercer Bush en la Casa Blanca.

Me duele la cabeza y me tiemblan los ojos de tan sólo imaginarnos en 2017. Ayotzinapa y #Aristegui habrán quedado en el olvido, reemplazados por otros encabezados diseminados en los smartphones de los habitantes de un mundo con otro orden, otra cadencia y otras reglas. De aquí hierve la pregunta: ¿Será que el mundo cambia más rápido hoy en día, o sólo así lo aparenta ya que estamos tan interconectados?

Quién sabe y, ¿qué importa? Al final me consuelo al saber que el sol que me despertó hace rato es y seguirá siendo el mismo que inspiró a Monet, guió a Marco Polo y alimentó las flores de Teotihuacán.

miguel@cibreoeditores.com