‘Elibronco’

Yo no soy quién para decirle a nadie por quién votar, pero los exhorto a que tengamos cautela con los políticos que sólo se ven a sí mismos en las fotos.

Conozco mucha gente ambiciosa y cortoplacista a la que no le gusta compartir. Por carácter, desde el mero tuétano, tienen un tatuaje mental que los lleva a asumir que ceder un ápice de espacio o poder personal necesariamente supone una derrota. Estas son el tipo de personas que, al tomarse una foto con otra gente, sólo evalúan cómo se ven retratados ellos mismos, ignoran por completo el contexto de la imagen, a los demás integrantes y al momento que estaba transcurriendo.

La política suele atraer a este tipo de personalidades. El convertirse en tinta e inundar las planas de un periódico conlleva un perverso placer, el poder decir y que se haga, el que extraños se acerquen buscando favores. Este tipo de frivolidades que a la mayoría de nosotros nos parecen grotescas son el oxígeno y sustento de las personas con estos rasgos.

Las elecciones están llenas de estos especímenes y nos cansan cada vez más a los ciudadanos precisamente por eso. Porque en el fondo, seamos graduados de Harvard o meros egresados de una secundaria rural, los votantes no somos pendejos, racionalizamos o de perdido intuimos que quienes salen abrazando a un niño prestado en un panorámico rentado no son como nosotros. A diferencia de nuestra forma de ser y de la de la gente cercana que amamos; los suspirantes de la sonrisa siempre quieren algo a cambio, y están dispuestos a todo para obtenerlo, menos a compartir ese algo.

El barullo político nuevoleonés se sacudió como las caderas de Shakira el día de ayer. Se rompió la raza y nos dimos cuenta de que dos de los candidatos que nos sonreían en los anuncios son muy distintos a los que cada tres años nos han sonreído. Elizondo y El Bronco mandaron al carajo a una de las máximas más antiguas de las aspiraciones políticas y se pusieron de acuerdo para compartir La Silla Grande.

Ahora los votantes tenemos prueba irrefutable de que no estamos lidiando con dos serpientes cortoplacistas con sonrisas circunstanciales. Para Fernando esto exigió una humildad tremenda con tal de poder incidir y mejorar el estado, y para El Bronco supuso la mitigación de un ego en pro de llevar una gubernatura balanceada y trascendente. Para los nuevoleoneses va a suponer algo inédito que traerá consigo beneficios inéditos.

Confieso en que estos últimos años me trajeron una repulsión tremenda hacia cualquier tema relacionado con la política. Lo que alguna vez me llenó de pasión e idealismo juvenil pasó a convertirse en una razón legítima y sustentada para colocarle atributos muy desagradables a la raza humana. Hoy ya no me siento tan mal. Hoy estoy tremendamente emocionado.

Elizondo no estará subordinado a las querencias del Bronco y donará su sueldo entero (¿cuántos políticos lo harían)? El gabinete será elegido por la sociedad, habrá revocación de mandato, se fortalecerán los órganos de auditoria y de transparencia. ¡Puras acciones atípicas para los políticos típicos!

Comienzo a ver en redes que muchos otroras desilusionados como yo comienzan a volver a creer. A este dúo lo comenzamos a ver como una mancuerna de humanos. Cada vez se presentan más como dos personas que podríamos conocer en la calle, en el trabajo, en la colonia; y los partidos políticos tiemblan al son de esta realización.

Yo no soy quién para decirle a nadie por quién votar, pero los exhorto a que tengamos cautela con los políticos que sólo se ven a sí mismos en las fotos. ¿Por qué no intentar, por esta vez, pintar sobre el cerro de La Silla un panorama distinto: una foto compartida? Si alguien está dispuesto a gobernar con alguien más, es muy probable que también se preste a gobernar con todos, y si por fin este estado lo gobernamos todos, de manera compartida, volveremos a ser ese estado admirado, líder, fuerte, imparable. El que tanto extrañamos.

miguel@cibreoeditores.com