Y la violencia estalló

Manifestación de poder de la delincuencia en Jalisco y en Guadalajara, la segunda ciudad del país. De los hechos ya se ha informado ampliamente. En síntesis: Se registraron 39 bloqueos en 25 diferentes municipios, entre ellos los siete metropolitanos... cuatro enfrentamientos armados, y 36 vehículos, once sucursales bancarias y cinco gasolineras resultaron incendiados… siete personas fallecieron tras los ataques, entre ellos tres militares, un policía investigador, dos presuntos delincuentes y un chofer… hasta ahora 19 detenidos.

La autoridad federal relacionó los hechos con el derribo de un helicóptero con una veintena de militares; la aeronave fue atacada por un grupo criminal detectado por el patrullaje aéreo que realizaba; el ataque obligó a un aterrizaje forzoso con el saldo de tres fallecidos, 12 heridos y tres desaparecidos. Los hechos posteriores, se aseveró, fueron la reacción táctica de los criminales para evitar la intervención de las policías más allá de la zona metropolitana.

¿Qué podemos pensar los ciudadanos de estos hechos? En primer lugar la realidad de la existencia activa de un grupo criminal organizado, violento, numeroso, con poder de fuego, coordinación e inteligencia. En segundo lugar el innegable hecho del miedo, la inquietud y hasta la angustia en la población provocado por la manifestación de fuerza vista el viernes, y las consecuencias. En tercer lugar, sin duda, la evidente reacción de los agentes de seguridad y de protección civil  para resolver la emergencia muestra su capacidad de actuar con acuerdo a los protocolos para estos casos.

¿Por qué suceden estas violencias? La realidad: Los modos de vida basados en el bien y el bien común no alcanzan para todos. El modo honesto de vivir que pide la convivencia social no es opción para todos.

Algunos de quienes no lo alcanzan recurren a modos de vivir y sobrevivir donde la violencia es el recurso cotidiano. Las ganancias en poder y dinero de este modo son enormes y contagian a todos los segmentos de una sociedad. Y la violencia se hace costumbre. Aquí el problema.

¿Cómo reducir o eliminar esa violencia? No hay receta eficaz por sí misma. Por lo pronto, extender las condiciones para más personas vean factible un modo honesto de vivir, es el imperativo para quienes optamos por ese modo, y lo es de verdad si nadie queda excluido. Aquí la tarea.