Entre sueños y nostalgias

Ante todo un abrazo de felicitación al querido Dr. Jesús Gómez Fregoso, por el reconocimiento de la ciudad de Guadalajara a su tenaz, incansable y apasionada labor histórica sobre nuestro país y de este terruño, tan joven como 472 años. Toda ciudad que se precie de sí misma ha de hacer posible que ciudadanos tales como Chuchín desinteresados, dedicados y la vez sabios puedan ayudarnos a cultivar identidades, pertenencias y solidaridad. No sólo para recordar venturas y desventuras, sino también para convivir entre nosotros con la seguridad del respeto, cuidado y confianza por la dignidad de todos, habitantes, peregrinos y viajantes que tengan a bien asentarse o sólo cruzar por estas tierras.

Una ciudad no es lo que queremos. Es lo que resulta y puede ser. Lo que queremos es nuestro sueño y Guadalajara ha tenido soñadores notables. Recordarlos llevaría todo el largo de esta colaboración. Lo que resulta es obra de quienes hemos habitado aquí, por acción y omisión. Muchos soñadores también han dejado aquí su obra. A otros no les ha sido posible o no los hemos dejado. Puede ser aquello que tengamos la valentía de atrevernos a hacer o impedir que se realice, para el bien común o para los intereses particulares. 472 años lo muestran con evidencia suficiente y a la vez avasalladora.

Hoy aquí estamos. Lo que es Guadalajara es nuestro punto de partida. Tamaños, fuerzas y carencias son nuestro recurso vigente. Amartya Sen, premio Nobel de economía, mostró con agudeza cómo la pobreza no es solo carencia económica o de educación o salud. Es sobre todo dificultad, a veces incapacidad, para imaginar cómo lo disponible lo convertimos en algo útil que permita avanzar o mejorar en alguna área del desarrollo humano. Si consideramos a Guadalajara llena de defectos, podemos también entender y descubrir sus disponibilidades y actuar para convertirlas en lo que sabemos útil para la mejor convivencia, por ejemplo.

En el pasado no supimos convertir las ventajas geográficas del asentamiento de la ciudad en, por ejemplo, reservas de territorio de la ciudad. Preferimos vender y repartir al mejor postor. La ciudad no pudo crecer sino con desorden. Aquí, hoy, podemos tomar decisiones valientes que ordenen, para adelante, lo que hoy es caos. ¿Fácil? ¡De ninguna manera! ¿Posible? Sí, si aceptamos que la realidad manda. Ni sueños, ni nostalgias.