¿Qué sigue?

Desolación, enojo y protesta poco a poco dan paso a una pregunta pesada: ¿Qué sigue? Hay quienes piden la renuncia del presidente. Otros piden una radical reorganización del gobierno y de los poderes, hoy en la debacle. Algunos condicionan todo a la resolución de la desaparición de los 43 estudiantes, antes de otra cosa. Y también hay preocupados por la violencia injusta y paralela a las protestas. Olvidan el hecho criminal de la desaparición de los jóvenes; parecen demandar una cierta “paz de los sepulcros”.

Aclarar la desaparición de los estudiantes con total satisfacción es decisivo. No se puede permitir otro laberinto similar al de la Guardería ABC, en Hermosillo. No hacerlo llevará a cero el valor del gobierno y sus integrantes, con consecuencias de suma gravedad. Sin embargo, es inocultable el agotamiento del actual arreglo democrático mexicano. La arquitectura misma de la democracia concreta mexicana muestra hoy deterioros fundamentales y cotidianos.

Luis Villoro, filosofo mexicano, entre su legado nos heredó reflexiones valiosas para este momento. No hay espacio sino para un par de muestras escritas en el libro El poder y el valor editado por el Colegio Nacional y el Fondo de Cultura Económica en 1997.  Aquí van: “En teoría, democracia es gobierno del pueblo por sí mismo, en la práctica, su camino fue diferente. (…) Algunas causas de su desvío… obedecían a características intrínsecas a las reglas e instituciones mismas con que se quería asegurar al gobierno del pueblo”. (pág. 338) Villoro describe un punto crucial: “El ‘pueblo’ en el que el Estado –nación hace recaer la soberanía es el conjunto de ‘ciudadanos’. (…) Las instituciones democráticas existentes suponen la sustitución del pueblo real por una nación de ciudadanos. Y… la realidad social les juega una mala pasada: al ponerse en obra, conducen a nueva forma de dominación sobre el pueblo a nombre del pueblo”. Un claro desvío para Villoro es la representación ciudadana mediante partidos políticos. Así lo escribe: “Es el único medio realista que ofrecen las instituciones democráticas para representar la voluntad de los distintos sectores de ciudadanos; a la vez, es un poder que obedece a sus propias reglas y escapa, en gran medida, al control del pueblo. En esa medida lo suplanta”. (pág. 342)

¿Seguirá diseñar, desde abajo, otra democracia mexicana?