¿Se perdió la brújula?

Escoger un rumbo o dirección para avanzar es sólo parte de tomar camino seguro. La otra parte indispensable es una brújula, es decir, una forma de determinar si se mantiene el rumbo o caminamos desviados. No hace falta si la meta es visible. Es muy importante cuando la meta no es visible, sino una expectativa, una esperanza, un supuesto. Por eso, de manera metafórica, se usa en el lenguaje común decir que una persona o institución “perdió el rumbo” cuando se les observa con actitudes poco razonables o incomprensibles. También se utiliza la expresión “no tiene brújula” para indicar que se ignora cómo llegar a la meta o cómo mantener el rumbo pues se camina, se dice, “dando palos de ciego”.

Las abundantes notas recientes sobre el asunto de los grupos de autodefensa, sobre todo los de Michoacán, hacen pensar en la posibilidad de que los medios de comunicación social de todo tipo, de pronto se olvidaron de la brújula, quizá motivados por las formas como las instituciones oficiales y diversos analistas presentan reflexiones, datos o rumores. Esa forma se centra con frecuencia en referir la legalidad o no de los grupos de autodefensa, si son o no legítimos, si son eficaces o no para la seguridad perdida en ciertos territorios y otros dilemas, numerosos por cierto. ¿Se perdió la brújula?

Es posible. Los sujetos ilegales y temibles son los del crimen organizado. ¿O no? Quienes complican la vida cotidiana de las personas y la vida de las instituciones de la república son los delincuentes. La brújula quizá se perdió pues el rumbo trazado fue controlar la delincuencia y ahora “nos ocupamos” de denostar y multiplicar pronunciamientos contra los grupos de autodefensa, y usar la difusión mediática para condenarlos o, ahora sí, para mediatizarlos.

No se trata ahora de disputar la mejor manera de cómo las instituciones difunden en público las estrategias y decisiones para combatir la inseguridad y el crimen. Se trata de preguntar por la aparente modificación del rumbo: Pasamos de combatir al crimen a combatir a quienes, ciudadanos al fin, se defienden como pueden de las terribles consecuencias, en los hechos, de tales acciones criminales. Esta modificación envía un mensaje críptico: “Calma. No hagas nada. Las instituciones cumplirán sus obligaciones.” Bien. Pero, ¿cuál es la brújula que avala ese mensaje? Ayudaría conocerla.