¿Se perdieron dos letras?

No es algo nuevo. Los partidos políticos pueden cambiar de nombre por circunstancia, escisión o renovación ideológica. Los casos PRI y PAN actuales son por romper con su tradición ideológica. ¿Quién creerá ahora que el PRI sigue siendo defensor de la ideología de la Revolución, esa con mayúscula? Lo congruente ahora es llamarse PI, sin la R. De modo semejante quién puede creer que el PAN siga defendiendo el nacionalismo tal como su última letra anuncia. Ya no representa la Acción Nacional. Será de ahora en adelante, si es congruente, el PA.

No más PRI revolucionario, al menos en nombre de los principios surgidos con el triunfante movimiento armado iniciado en 1910 y culminado en 1917 con la promulgación de la Constitución Política de 1917. Ahora, cuando mucho será el Partido Institucional al servicio incondicional del Presidente de la República. Semejante cambio ha de soportar el PAN. Abandonó en los últimos años su peculiar mirada Nacional surgida del pensamiento de sus fundadores en 1939 y pensamiento fundacional de la “Acción Nacional”. Será el PA.

La propaganda política en estos días está llena de promesas de prosperidad y futuro de bienestar. Nadie puede enojarse con las promesas. Todos de “arriba abajo”, en el teatro nacional, están expectantes. Unos seguros de la promesa de sus abanderados, otros con la seguridad de lo imposible de la promesa, la mayoría esperando a ver si esta vez sucede lo que dice la propaganda. Después de cuarenta años de escuchar promesas somos (así nos hicieron) escépticos. La diferencia respecto de otras épocas es la ausencia de envoltura de la promesa en la jerga propia de la gesta revolucionaria. Los héroes han quedado silenciosos. El mapa ideológico mexicano dominante ya es global.

No es tragedia. Es un cambio político grande, importante. Muchos otros países han realizado cambios del mismo tamaño: Alemania, Italia, la desaparecida URSS, España y otros. La cuestión es si avanzaremos en democracia o no. Los criterios para valorar el avance son más libertad y más igualdad. Eso lo dirán los nuevos significados de la vida cotidiana. Falta un paso crucial: La voz de las urnas en junio 2015. Con o sin la consulta popular impulsa por la izquierda, el próximo proceso electoral será un refrendo ciudadano al fin o la continuidad del proyecto revolucionario. Las letras perdidas son claves.