Casi se olvida

2 de octubre, fecha emblemática en la lucha por la democracia mexicana. Hace 46 años el gobierno reprimió con violencia la manifestación estudiantil en la Plaza de las Tres Culturas. La represión fue brutal y en ese momento los detalles se ocultaron. Era época de opacidad. Hoy, casi se olvida recordar y conmemorar. Más de la mitad de los mexicanos de hoy no vivía todavía. El 2 de octubre no lo puede olvidar quien nunca supo qué significó. Quedan algunas convicciones pues otras ya demostraron su poco valor.

Nada que ver con los sucesos y discursos de la protesta estudiantil de estos días. Hoy se confirma una tendencia observada y observable en el proceder del gobierno federal. Poco a poco, con firmeza ha desmantelado, en los hechos, las expresiones, las formas, las realidades e incluso las instituciones de índole democrática mediante el eficaz proceso de proclamar en el discurso una fe democrática, al tiempo que en la práctica controla, mitiga o de plano suprime el ejercicio de la democracia ciudadana o la confina en la periferia de la política, lejos de las operaciones decisivas para modificar las prácticas autoritarias. El ejercicio del poder actual ha logrado recuperar la casi perdida capacidad de arbitraje único de los conflictos y mantiene en su órbita las “claves” de la economía, del desarrollo y de las instituciones.

El gobierno ha sido capaz de utilizar sus atribuciones legales y discrecionales para teñir de partidocracia instituciones constituidas con el carácter de participación ciudadana. En estos días algunos de los organismos locales del Instituto Nacional Electoral; antes el Instituto Federal de Acceso a la Información y las comisiones de derechos humanos, nacional y estatales. Más atrás gobiernos estatales y municipales. Esperan turno los tribunales electorales e importantes consejos nacionales. Algunos ciudadanos organizados protestamos. La mayoría no se entera.

Algunas peticiones ciudadanas se conceden: Ley de víctimas, reforma electoral, de telecomunicaciones, protección de niños y niñas, alguna renuncia. Sólo se aplica lo que no ponga en riesgo la arquitectura del poder. ¿Cerrar una mina abusiva? ¿Incorporar a campesinos, pobladores o trabajadores a las decisiones de proyectos de desarrollo? ¿Cancelar una presa ruinosa? Eso no, nunca más otro 2 de octubre. La democracia dirigida es el juego.