¿Un nuevo pacto?

Ante la crisis, la corrupción y la violencia exacerbada ¿un pacto sirve de algo? Con la ruptura de la cotidianidad por la cual atraviesa el país y los mexicanos sufrimos conmociones hacer un pacto de voluntades cuasi morales sirve poco. Manifestar y ratificar propósitos valiosos y aun necesarios siempre es una buena acción. No se puede criticar los propósitos nacionales, gubernamentales o los escritos en las leyes. Sin embargo, la crisis actual pone de manifiesto otra cosa. La crisis pone de manifiesto la ineficacia, lo insuficiente o quizá lo equivocado de las acciones emprendidas para frenar la corrupción, reducir el crimen, especialmente el organizado, atender a las víctimas y reparar los daños.

El problema no es voluntades. Es de voluntad política. Dicho de otro modo: Se evidencia la ausencia de medios eficaces, lo cual equivale a no querer en verdad los propósitos, a pesar de campañas, arrestos y operativos. Por eso reiterarlos ahora así sea en formas diversas no va hará realidad esos propósitos. Constituir propósitos es actuarlos. Por ejemplo: Decirle a un hijo o a una hija “te quiero mucho” y no cuidarlo, no ofrecerle tiempo de escucha o de actividades conjuntas y hacerlo partícipe de nuestras inquietudes sencillamente desmiente ese dicho y ese querer. Igual. Los propósitos nacionales contra la corrupción y el crimen no están del todo constituidos. Las acciones emprendidas no están preñadas del propósito. Esto revela la crisis de los estudiantes desaparecidos. De ahí lo poco útil de un pacto de “quereres”, el cual aparece más que una nueva propuesta, como un intento del gobierno para retomar la iniciativa ante la crisis, perdida por su ineficacia.

En el caso: No se ha dado por parte de los actores políticos y gubernamentales un reconocimiento de las equivocaciones (salvo el mea culpa tardío del PRD por impulsar a un candidato impresentable) y no se ha dado una petición de perdón a los afectados y la sociedad por lo no atendido. Estos silencios permiten presumir la ausencia de intención de cambiar las acciones a pesar del “nuevo” pacto.

Una crisis sin una autoridad responsable y reconocida al frente de la solución no la resuelve. ¿Qué hacer? Podemos empezar con una medida contundente: Eliminar el financiamiento público a los ineficaces partidos políticos. Que los mantenga la militancia, si los quiere.