Entre la muerte y el corazón

Libertad. Igualdad. Fraternidad. Trilogía revolucionaria de los fundadores del mundo occidental moderno surgido como producto de la Ilustración y respuesta al Despotismo Ilustrado, intento final de monarquías y monarcas por prevalecer. Trilogía de valores, pilares de la vida social o constitutivos de la vida humana, como quiera se les nombre, se ha perseguido sin cuartel por pueblos, sociedades y humanistas. Trilogía fascinante nunca lograda y hoy a punto de ser clausurada como fracaso histórico de la promesa desde el nuevo mundo, un día vista como solución a la crueldad europea y asiática. ¿Clausuramos o hacemos un último intento?

Pronto celebraremos, quizás con gusto, cien años de la promulgación de la constitución política de los Estados Unidos Mexicanos. Ese texto trata de proponer un marco de relaciones y un “piso” de instituciones capaces de hacer posible en la vida cotidiana la ahora casi fantástica trilogía. Militares vencedores de la dictadura, pensadores, gentes de bien, ilustrados, académicos, empresarios y políticos fueron capaces de acordar un texto aceptable para todos en el cual se  diseñó un país capaz de vivirse al combinar oportunidades para innovadores, cobijo para necesitados y transitable para los comunes. Controlable y dirigido por instituciones; gobernable sin excesos.

Cien años (casi) después, el diseño mexicano, si fuera un barco, se encuentra bombardeado muy cerca de la línea de flotación. Línea definida por la vigencia irrestricta de un marco de relaciones entre personas, grupos, clases y segmentos como iguales, libres y fraternos. El diseño mexicano recoge y actualiza el ideal francés haciendo declaración de fe en las “razones del corazón” para ordenar la vida social y resolver los conflictos inherentes al ejercicio de la misma. Leyes, instituciones y demás se declaran de “buena fe”. Al día de hoy una mayoría de mexicanos no confía, porque no la palpa, en la buena fe de las instituciones.

El mapa de relaciones en nuestro país indica el abandono paulatino de la buena fe y la instauración del recurso a la violencia y su colofón inevitable, la muerte, como intento de solución final. Desigualdad rampante. Libertades amenazadas por incertidumbres. Fraternidad constreñida. Indignarnos ante la violencia ha de convertirse en intransigencia por recuperar la vigencia de las razones del corazón.