El misterio de la paz

Vivir juntos es un misterio. A la luz de los acontecimientos recientes, vivir juntos se revela como un misterio. Un grupo con poderes, que protestó guardar las leyes, manda desaparecer a otro grupo “porque le estorba” su comodidad. Un tercer grupo, aliado del primero, desaparece al estorboso “porque le pareció bien”. El poder más alto del país, comprometido cumplir las leyes, espera, misteriosamente, a que el atraco se resuelva solo. Se configura una tragedia y miles de personas manifiestan su indignación y rechazo por todos los medios legales y exigen la aparición de quienes fueron desaparecidos. Un grupo adicional aprovecha las expresiones de indignación para cometer atracos contra edificios y bienes públicos. Por un misterio, el poder más alto del país decide que estos atracos deben ser castigados con rigor. Persigue y detiene a unos y les aplica “todo el rigor de la ley”. Los desaparecidos no aparecen, quienes los desaparecieron tampoco a pesar de que “toda la fuerza del Estado” los busca y persigue. El descontento crece y, de nuevo misterio, el poder más alto del país decide resolver tal descontento con más leyes.

¿Por qué entonces vivimos juntos? Las respuestas ofrecidas por sabios pensadores proponen: “Para  ayudarnos”. Solos morimos en este mundo agresivo con los solitarios. También proponen: “Para complementarnos”. Solos no podemos reproducirnos, se necesitan hombre y mujer, quienes cuidarán a los hijos hasta que aprendan a vivir en este agresivo mundo. Otra respuesta acepta la realidad del impulso del ser humano a controlar, someter e incluso matar al semejante, cuando se confrontan. De ahí la necesidad de un “contrato” para no agredirse. La historia revela lo inútil del contrato, las tragedias sucedidas cuando nos agredimos, y consiga el invento de la ley, “contrato” extendido a muchas conductas entre humanos para evitar agresiones, basada en los criterios de la razón. También muestra, como en estos tiempos mexicanos, que la ley no basta.

La paz es un misterio. Resiste a la razón. La paz está en la esencia del ser humano. Realizarla supone un cultivo cuidadoso. Es muy frágil. Juntos, enriquecemos los cuidados. La ley ayuda al cultivo, pero no lo suple. El cultivo puede ser aplastado por un agresor decidido. Y es necesario volver a empezar a cultivar la paz. Para eso, misteriosamente, vivimos juntos.