Pasado, presente y ¿futuro?

Evolución o revolución. Desarrollo o crecimiento. Pasado o presente. Dilemas con los cuales personas, comunidades y sociedades han debatido en el curso de la historia. La historia es inmutable ante las veleidades encerradas en cada debate. Los mexicanos hicimos una revolución en los primeros años del siglo XX. El propósito era transitar de la imposición a la democracia. Tras casi veinte años de guerras, muertos, conflictos y líderes defenestrados llegamos a una cierta paz y se construyeron instituciones básicas para disponer un funcionamiento moderno del país en el contexto, deseado, de una sociedad democrática e institucional. Veinte años más tarde sólo faltaba aplicar la reforma política: Disponer de genuinas instituciones políticas capaces de dar cauce, civilizado y ajustado, a las legítimas diferencias de filosofías sociales y por tanto diferentes modos de proponerse el desarrollo en libertad y de organizar el Estado.

En este presente aún esperamos esa reforma política. Cierto que la densidad institucional (leyes, partidos, instituciones electorales y de justicia) es mayor en número y calidad. Igual de cierto es el enorme déficit democrático y sus efectos si comparamos el presente con el sueño de los constructores de la nación.

Ante el déficit no hemos construido un consenso nacional mínimo, congruente a la vez con los faltantes, con los logros y con las legítimas aspiraciones de millones de mexicanos. Unos prefieren regresar al pasado para tratar de revivir. Otros dados a la veleidad del poder incapaces de aprender de la experiencia, no acaban de comprender cómo enfrentar los enormes retos de conformar un Estado social, democrático y políticamente capaz. Otros más, trabajan en recuperar y aplicar la esencia de la tradición, identidad y cultura de los pueblos, dejar atrás este sistema occidental, capitalista y consumista fallido, y reconocer el imperativo de la construcción pacífica, desde “abajo”, de nuevo tejido social colaborativo.

A cientos de años de independencia y revolución, el presente mexicano suscita gran inconformidad en la población. Repetir estrategias no servirá mucho. Renovar sólo formas tampoco. Apostar sólo a voluntarismos, menos. ¿Esperaremos la señal de la televisión, otra vez? Imposible. El presente pide otra ética pública. La tenemos que aprender haciendo y tejiendo en y con este presente.