Los maestros, ¿solos?

Don Emilio Chauyffet, secretario de Educación Pública, hace unos días en un discurso acerca de la situación de la educación en el país, afirmó de manera contundente la importancia de los maestros para hacer y concluir la reforma educativa iniciada hace un par de años por el gobierno en turno. Sin los maestros, dijo, no habrá reforma.

Desde luego nadie duda de la importancia de los maestros para elevar la calidad de la educación. Lo insólito es no aludir a la importancia, semejante o mayor, de otros elementos de la ecuación educativa. Dicho de manera enunciativa, sin padres de familia, sin el presupuesto necesario (y por tanto, sin el compromiso de los legisladores), sin cambios radicales en los esquemas vetustos de la administración de la Secretaría de Educación Pública, sin cambios radicales en la orientación de la postura y la acción sindical de los propios maestros y otros trabajadores de la educación, sin rendición de cuentas precisa y solvente del gobierno educativo, sin gobiernos locales decididos a no instrumentalizar la educación, sin intromisión de los intereses electorales en la relación partidos políticos y sindicatos de educadores, sin una nueva estructura escolar la cual permita la colaboración de los estudiantes en la gestión pedagógica; y, sólo para cerrar la lista, sin modificaciones sustanciales en los procesos de aprendizaje; la actual reforma aprobada o cualquier otra que se imagine será imposible.

Sí. La educación es una formidable palanca para llevar al país a conseguir las finalidades que nos hemos dado los mexicanos. Nuestra educación pide renovar los propósitos sempiternos de formar personas y ciudadanos y al mismo tiempo modificarse para que los estudiantes aprendan los nuevos conocimientos de la ciencia y la técnica hoy no incluidos en el currículo, se formen el carácter emprendedor y autónomo indispensable para forjar una vida en libertad solidaria y se apropien del pensamiento crítico pertinente al ejercicio, cuidado y exigencia de derechos, obligaciones y libertades.

Sí. Es clave el cambio de cultura magisterial y el mayor aprecio social por los maestros y por su contribución a la educación. Más importante el cambio simultaneo de los otros ingredientes de la educación y el tejerlos con sensibilidad para exigir y respetar la contribución de los implicados. Los maestros no podrán solos.