Independencia nacional

A doscientos siete años del movimiento independentista en la Nueva España, festejamos este valor político y social como el faro de la nación en medio de enormes daños y lenta atención integral a víctimas del sismo de la semana pasada. En este valor tenemos una idea sencilla y una seria dificultad práctica. Independencia quiere decir “sin dependencia alguna”. La nación y el pueblo sólo depende de y se manda por sí mismo, con las propias debilidades y fuerzas.

La puesta en práctica de esa idea en la vida de la nación enfrenta dificultades y problemas enormes. Mantener la independencia, resolver los problemas, sortear dificultades  con modos particulares y decisiones concretas, constituye la vida social, política y económica de los 207 años de esta nación mexicana. Las diversas historias consignan hechos, sucesos y eventos ocurridos en los años anteriores y nos proponen diferentes interpretaciones de nuestro proceso socio político. En muchos casos tales interpretaciones son opuestas. Quien ve el nacimiento de una nación y quien ve el continuismo criollo esclavista. Es materia disputada sobre todo en la valoración de los  actos, las decisiones y sus efectos se plantean dudas y desacuerdos.

Sin entrar en esa materia disputada los ciudadanos somos capaces de darnos cuenta de la realidad de lo no independiente de nuestro país. Por ejemplo. Sube–baja el precio internacional del petróleo y el precio de la gasolina sube–baja. Sí, nuestras autoridades deciden el precio de la gasolina, y lo hacen porque otros países decidieron subir o bajar el precio. Divulgan que no son ellos sino un fantasma: “el mercado”. Vaya eufemismo. Otro ejemplo: El gobierno norteamericano decide amenazar con imponer un cobro a las empresas que importan bienes producidos fuera de su territorio, en México en concreto, y el precio del peso mexicano y del dólar sube, y ni las manos podemos meter. Ante los hechos algunos afirman que hoy nadie es independiente sino todos somos interdependientes. Bien. Aquella idea sencilla ya no se puede practicar. En buen romance no somos independientes.

“Lo bueno cuenta” difunde por todos lados el gobierno. De acuerdo. Dos preguntas: ¿Y lo malo, descuenta? ¿Puede, quiere el gobierno informarnos de quién inter-dependemos en alimentos, inversiones, turismo, empleos… y en cuáles rubros decidimos sin dependencia alguna?