Humor social tenso

Dice una descripción popular del estado de ánimo de una persona a quien las calamidades lo han atribulado sin satisfacción alguna: “Este ya no busca quién se la debe, sino quién se la pague”. El humor social de personas, grupos y organizaciones parece muy cercano a esa situación que bien recoge y comunica el lenguaje popular.

Algunos ejemplos. Si los ministros de la Suprema Corte autorizaron la prisión preventiva para menores involucrados en delitos graves… ¡Mal! ¡Cómo se les ocurre! Y si no conceden un amparo en cierta causa popular… ¡Mal, cómo se les ocurre! Si el fiscal general de Jalisco da la cara y ofrece información sobre las actuaciones que hará frente a la fiesta en el penal… ¿Cómo es posible? ¿No sabía? ¿Qué hace entonces?... ¡Son unos ineficientes; que renuncie mejor! Cuando el encargado de la movilidad anuncia el inicio de una nueva forma de organizar el transporte público… ¡Qué calamidad!  ¡Nadie entiende nada! ¿Cuánto gastaron? Seguro es negocio de alguien. Un numeroso grupo de vecinos de varias colonias quiere hacer una consulta popular para aceptar o no una “ciclovía”… ¿Y por qué consulta? ¡Los ciclistas tienen derecho a ir por las vialidades! Vaya, los defensores de las consultas ahora defensores de la imposición.

Pues sí. Así está el ánimo de numerosos mexicanos. Buscamos quién nos la pague por los diferentes sucesos en nuestra comunidad, en el ámbito privado, en el público, en los diferentes lugares del país o fuera de este, todos son situaciones con frecuencia denostadas, criticadas y motivo de queja abierta a veces hasta estridente... hasta las quejas son motivo de queja. No es el mejor ánimo.

En fin. Obvio. Hay razones y motivos para el pésimo humor de la sociedad. No hay quien nos la pague. No lo vamos a encontrar. Sin duda un importante factor, no el único, es la ineficiencia del gobierno sobre todo municipal y estatal. Son gobiernos estructurados para una vida pública ya inexistente. Y sin una estrategia de comportamiento organizacional congruente con sus fines. Son estructuras pesadas, obesas dicen los críticos, centralistas y piramidales en exceso. Y por consecuencia la relación cotidiana gobierno – población se vuele rasposa, enervante y en el fondo inútil. Por eso, es a quien primero la población quiere cobrarle. El mal humor no es buen consejero. Esperemos las lluvias o ¿hay de otra?