El edificio de la crisis

Todos hablamos de la crisis. Los jóvenes desaparecidos en Iguala. Las normales rurales abandonadas. El precio del petróleo a la baja y (¿usted entiende?) el de la gasolina al alza. La casa de la familia presidencial. Los diez puntos insuficientes y ¿necesarios? Manifestaciones por todos lados por viejos agravios. Hablamos también de la gran solución: “el Estado de Derecho”. Un invento vetusto y aun impracticable. Unos ven en la renuncia presidencial una panacea. Otros en regresar a la “paz porfiriana”.

Así, nos damos cuenta del gran edificio que es la crisis. Horrendo y contrahecho. Un edificio vetusto. Con cimientos aguantadores sin duda: La crónica dolencia de mil y unos intentos frustrados por hacernos cargo de la propia vida en este país; de creer en el gobierno y requerirle escucha de las voces y los gritos crecientes de personas, grupos y pueblos completos agraviados; de clamar por un minuto de atención, otro de escucha sin prejuicios y otro de compasión, para hacer posible el tomar parte en la construcción y disfrute de un país habitable; de saber, y no poder hacerlo, que lo habitable lo hacemos juntos, no el gobierno.

Los cimientos del edificio están en el malestar de millones de mexicanos soterrados por incontables promesas. La planta baja es un pavimento de incumplimientos revestidos de satisfacción, a medias, de demandas y necesidades de comunidades completas. El primer piso es la imposición: Así se hace. Tope donde tope. “El negocio es primero” es el aviso de la entrada. La consecuencia es un segundo piso con casas abandonadas, proyectos a medio hacer, dineros oscuros, enriquecimiento ilícito pero enriquecimiento al fin, burocracia entrampada, justicia lenta y cara. En el siguiente piso está la identidad partida por el alma. Por eso, ni modo, el cuarto piso es casi virtual: Esperar contra toda esperanza. El último (por ahora) piso: La violencia criminal, largamente impune, infectando todo el edificio. Por eso la crisis parece una fortaleza inexpugnable.

Sin embargo, se anuncia un nuevo piso cuando quien siente partirse del alma, se levanta y decide enfrentar al edificio. La demanda de los familiares (y muchos más) para que aparezcan los jóvenes desaparecidos no es la crisis. La crisis es todo un edificio blindado para hacer inverosímil ese piso - dolor: Un padre/madre que no saben dónde está su hijo.