Derecho a (y obligación con) la ciudad

Nuevas críticas ha colectado el municipio tapatío por el anuncio de venta de predios de su patrimonio. Seguramente estaban presupuestadas en el proceso de decidir la venta. Hoy ninguna decisión de cualquier gobierno está libre de alguna crítica, sana o insana, fundada o alevosa, conocedora o ignorante. Sin ánimo de cuestionar las críticas o las decisiones vale la pena recuperar un punto tiempo atrás discutido entre los conocedores del urbanismo y la dinámica de las ciudades: El derecho de los ciudadanos a la ciudad.

Esa idea aceptada por todos se vuelve una “papa caliente” cuando se trata de aplicar en las decisiones sobre la ciudad. Imaginemos con el ejemplo reciente. ¿Conviene o no vender predios del municipio? Para responder, tres puntos son claves: Beneficio a obtener y por quienes. Perjuicios o consecuencias negativas por venderlos. Y tres: Qué piensan o dirán los ciudadanos. Los dos primeros los resuelve cualquier planeación. El tercero plantea una situación compleja. Por ejemplo: ¿Preguntamos antes? ¿Aguantamos a pie firme la crítica segura? ¿Diseñamos un proceso de control de daños? Y diez preguntas o dilemas más.

La experiencia en las democracias dice: Preguntemos, sí. Los ciudadanos tienen derecho a participar en la configuración de la ciudad. Bien. Problema: ¿Les hacemos caso? ¿A la mayoría? ¿Consulta pública? ¿Sólo a los ciudadanos cumplidores de sus obligaciones? ¿Cuándo, cómo…? Y así, se desplaza el fondo y el sentido de la idea “derecho a la ciudad” hacia el procedimiento para hacerlo efectivo. Ahora se trata de controlar. Fin de la historia: El gobierno quedará mal, en cualquier caso.

Otra forma de encarar el tema puede ser partir de la misma plataforma que sustenta el derecho de los ciudadanos a la ciudad. En síntesis es: La ciudad la hacemos quienes la habitamos (vivimos) no el gobierno que intenta ordenarla. Este derecho se funda en participar en la hechura de la ciudad. La ciudad está como está porque los ciudadanos así la hemos hecho, por acción u omisión. Es decir, hagámonos cargo de esta realidad llamada ciudad. Así, ciudadanos: ¿De verdad habitamos esta “casa grande”? Para el caso, por ejemplo, ¿conocemos de “viva voz” los predios por vender? ¿Qué sabemos del patrimonio municipal? Sí: Exijamos tomar parte en la decisión. No: Conozcamos primero. ¡Ah! Gobierno: comparte tu saber de la ciudad.