La casa, ¿está limpia?

Sin duda es bueno observar cómo el gobierno cumple y hace cumplir la ley. Detener, juzgar y castigar a quien viola la ley propósito de las sociedades deseosas de convivir sin represión de las libertades. Asimismo, es malo observar cómo el gobierno es omiso o incumplido con la ley y con hacerla cumplir pues lastima y agrede a la sociedad vivir con inseguridad; ver constreñidas las libertades y los derechos con los cuales se justifica vivir juntos para construir una vida saludable y capaz de resolver de manera pacífica conflictos y disidencias.

Algunos gobernantes han festinado la detención de una persona juzgada culpable de graves actos criminales, que burló el encierro penitenciario y encabeza una organización dedicada a actos prohibidos por la ley. Se puede explicar la euforia. No se puede justificar. No se ajusta a la realidad de la seguridad y el control de la delincuencia logrado por esos mismos gobernantes, hoy de fiesta. Una golondrina no hace verano, dice el refrán popular. La sociedad mexicana aún espera acciones y respuestas a múltiples preguntas sobre la pervivencia de la actividad criminal en este mismo país. Con la misma metáfora popular se puede decir: "De esas golondrinas aún siguen muchas volando".

No, la casa mexicana no está limpia. Desde luego, ni sociedad ni gobierno estamos con los brazos cruzados o con la pasividad de los sepulcros. La cuestión, planteada con la metáfora de limpiar la casa, es reconocer aquello que no limpia y por eso dejar de usarlo, encontrar otros productos, evaluar su idoneidad y probarlos, hasta dar con los más eficaces.

Si algo bueno nos ha dejado la globalización y la era del mercado es la propuesta de "aprender – haciendo". Los economistas y políticos afiliados a estas propuestas, se preguntan: ¿Cómo tener un gobierno mundial? ¿Cómo controlar al mercado? Y la única respuesta eficaz encontrada hasta hoy es "aprender – haciendo". Sólo "aprender" corre el riesgo de diseñar ilusiones. Sólo "hacer" corre el riesgo de echar a perder. Si se combinan las dos acciones "aprender haciendo", se limitan el riesgo de ilusiones y de pérdidas. No es fórmula perfecta, es la menos mala. Hacer es contactar con las realidades, aprender del hacer concreto permite verificar eficacia y equivocaciones. Así, se puede corregir. Sociedad, gobierno ¿estamos aprendiendo de cómo limpiamos la casa?