La casa común

Dice Francisco Papa: “En esta encíclica, intento especialmente entrar en diálogo con todos acerca de nuestra casa común.” Y, unido a san Juan Pablo afirma: El auténtico desarrollo humano posee un carácter moral y supone el pleno respeto a la persona humana, pero también debe prestar atención al mundo natural y «tener en cuenta la naturaleza de cada ser y su mutua conexión en un sistema ordenado»

“Mutua conexión en un sistema ordenado”. Viejo y valioso postulado de la ecología. Experiencia cotidiana, a veces ignorada, de todo ser humano al enfrentar realidades cambiantes y sus consecuencias inesperadas, lo cual nos hace patente la ineludible conexión con otros y con el entorno social y natural en el cual vivimos y experimentamos con la vida. No por otra cosa diversas naciones primigenias sostienen el respeto integral a la vida: personas, animales, vegetales, insectos, y todo ser viviente.

Lo común de la casa es fácil de observar y reconocer si se trata de conexiones entre seres humanos. Un poco más difícil cuando se trata de humanos y naturaleza pues, por ejemplo, ¿cómo convivir con la inmensa fuerza de un tornado, un tsunami, una tormenta eléctrica, un viento furioso? La cotidianidad de casi todas las sociedades por sencilla que sea su estructura nos aprovechamos de la naturaleza para mejor vivir, y a veces resulta en depredación.

Lo común casi desaparece en las conexiones con el mundo microscópico. Protegernos de gérmenes patógenos ha implicado herir a la naturaleza en alguna forma: Limpiar el agua, desechar el agua “negra”. Fumigar, vacunar para poner una barrera que mata al microorganismo que se atreva a acercarse a las personas. A veces con consecuencias graves para el ser humano sensible a los venenos, otras veces para la fauna y la flora. ¿Nos falta aprender a convivir, colaborar, con venenos y venenosos sin liquidarlos en el intento?

Francisco Papa, junto con san Francisco de Asís, propone otro camino y otro principio ético: “...si nos sentimos íntimamente unidos a todo lo que existe, la sobriedad y el cuidado brotarán de modo espontáneo. La pobreza y la austeridad de san Francisco no eran un ascetismo meramente exterior, sino algo más radical: una renuncia a convertir la realidad en mero objeto de uso y de dominio.” Un giro copernicano al modo de pensar “lo común” nacido en la Ilustración. Nada menos.