De caída en caída

Cae ex policía que entregó a los 43 al narco, dice la cabeza de portada ayer en Milenio. El módulo Schiaparelli se estrella en la superficie marciana, informó la Agencia Espacial Europea. Concentración tipo Fórmula Uno nos recomienda Augusto Chacón, para detectar, entre bache y hoyanco, los pocos metros de pavimento disponibles en las calles de Guadalajara y no caer en agujeros y sus consecuencias. Cae un juez federal ejecutado en medio del arroyo y cae el ánimo nacional. Cae la bolsa, cae el precio del petróleo, cae la paridad peso – dólar, cae el poder adquisitivo…, cae… ¿Será epidemia, plaga egipciaca, destino inexorable o aviso de más caídas y más profundas? A saber.

Hace falta caerse para levantarse, dice la sabiduría popular; quien no sabe de caídas no sabe de cómo volver a la lucha vital por la conquista de la cotidianidad y la persecución de sus sueños y metas. Este país se está convirtiendo en un pueblo muy sabio para levantarse, miradas y contadas las caídas y si cada una añadiese siquiera unos gramos al saber cómo llegar al buen vivir.

En otra zona de los derrumbes, Xavier Velasco nos alerta sobre una nueva ilusión: Es imperativo cerrar los ojos para evitar una denuncia por acoso y agresión a las mujeres, ante la propuesta perredista de dos senadoras quizás confusas. Nos espera un futuro país de ciegos voluntarios o de encarcelados por no acatar la orden de no mirar a mujer alguna con la cual nos crucemos. Cerrar –  no “dejar caer” – los ojos ante la tragedia, el desastre o la amenaza es una vieja recomendación hoy propuesta como ley para cumplir aquel refrán de “ojos que no ven corazón que no siente”. Se acabarán los románticos, los “mirones” y la costumbre de “mandar con los ojos”. Otra nota para el libro de las caídas memorables, cada minuto más grueso.

Estas caídas se suman a otras tradicionales. Se dice: Cayó en el alcoholismo, en las adicciones, en pobreza, en el desamparo, en la enfermedad, en la locura. Desde el primer hombre (Adán, cayó en la tentación y se comió la manzana) hasta la fecha estamos cayendo. Y levantando. Así, seguiremos pues la equivocación, el error, la distracción, “caer” en la tentación, seguir nuestro instinto y no a la aburrida razón, es propio del humano. Tanto como levantarse, reconocer, reparar, enmendar y proseguir. Un pueblo, un país, una familia, un sueño nos esperan.