Votos sin estado

Seis meses de la desaparición de 43 estudiantes de la normal de Ayotzinapa, Guerrero. Una marca indeleble en la historia nacional por los factores de violencia y corrupción ahí anudados y evidenciados. Una marca incómoda para el régimen y para todo el conjunto del Estado, sociedad y gobierno. Una marca en las campañas del proceso electoral de este año.

Unas elecciones retadas por los movimientos asociados a la desaparición de los estudiantes, pues exigen suspender las elecciones al menos en tres estados de la república. Una petición difícil de conceder no sólo por factibilidad sino por control del símbolo de gobernabilidad. Petición con la cual se mide el daño producido en las estructuras socio políticas del país y su régimen. Esa petición nos habla de la magnitud de lo pasado en Iguala y sus aledaños hace seis meses. Más allá de intenciones y de participación o no de personas concretas, esa noche se torpedeo el barco de la gobernabilidad mexicana en la línea de flotación.

El martes pasado se estrelló un avión alemán en los Alpes franceses. Murieron 150 personas. Tres jefes de gobierno salieron de sus palacios de gobierno para hablar a su respectivo pueblo, avisar de la tragedia, aclarar la ignorancia en ese momento de las causas; dar cuenta de las medidas tomadas para recuperar a las víctimas, atender a las familias e investigar causas y formas de prevención de estas una vez confirmadas. Aquí el factor de gobernabilidad: El Jefe de Gobierno y del Estado se pone al frente y se hace cargo del asunto, pone en juego el poder concedido por los ciudadanos y manda lo necesario. Acude al lugar y es uno más en acusar el efecto del golpe de la tragedia.  Nunca se les ocurrió preguntar ¿Y yo porqué? Por eso: ¿Dónde estuvo el Estado mexicano, poder y símbolos, en la tragedia de Ayotzinapa? Lejos. Invisible.

Triunfará uno u otro partido en las elecciones de Junio. Los partidos intentarán comprar los votos de mil y una maneras, a pesar de ser un acto delictivo. Los ciudadanos aprovecharán la oferta de la manera más utilitaria posible. No se puede esperar otra cosa, son elecciones con marca. Ningún partido – espero equivocarme - se pondrá del lado de las víctimas y del significado de la tragedia en Guerrero. La política es mundo sin compasión. No obstante, el Estado no puede permitirse la indiferencia so pena de socavarse.