Vino nuevo en odres viejos

Un aspecto central del Pacto por México, acuerdo político entre las tres fuerzas políticas más grandes del país impulsado por el nuevo gobierno, tenía el propósito de fundar un acuerdo para modificar algunos o incluir nuevos elementos en la estructura política mexicana, los cuales se consideraban ya insuficientes o bien necesarios para el México actual. En alguna forma se quería evitar lo que hoy vemos: Desacuerdos, protestas en la calle, propuestas alternas o adversativas, disputas estériles y desgaste del gobierno en lo secundario. El Pacto pretendía facilitar los cambios necesarios de manera rápida y tersa y así disponerse a gobernar para mejorar la situación general del país y resolver algunas de las problemáticas más dolorosas y largamente vividas.

A casi un año de distancia es evidente que el Pacto fracasó. Más allá de las reformas laboral y educativa (así llamada) no hay acuerdos, salvo en puntos particulares inútiles sin un nuevo fondo en las propuestas. La lección es que no se puede reformar los supuestos de nuestra convivencia política y económica sin tener un consenso amplio, muy amplio, sobre las modificaciones a lograr. Si se quiere decir con base ideológica: el país no aguanta más neo – liberalismo. El drama está en que el funcionamiento del país tiene tantos baches, que los ciudadanos y los grupos de interés vemos con gran sospecha que alguien quiera, por ejemplo, cambiar el pavimento aunque remedie los baches, porque “sabemos” (lo hemos visto tantas veces en el pasado) que lo nuevo muy pronto tendrá agujeros o será pretexto de anomalías inaceptables pero muy difíciles de disputar y componer. Los diarios y los noticieros ya nos colman con mil y un “nuevos” modos de aprovechar lo público para lucrar privadamente.

El Pacto cupular no fue eficaz. La disputa democrática naufraga en la segmentación y el “capillismo” tan tradicional como ineficaz. Mirar hacia la consulta popular plebiscitaria o hacia la expresión democrática directa corre el riesgo de ser, también, una expresión matizada por los intereses de facción. ¿Cómo reconstruir la fuerza del Estado plural, democrático y popular? Una posibilidad factible es que este gobierno componga lo más descompuesto antes de buscar reformas y más fuerza. Por ejemplo, sin (o menos) corrupción será más fácil discutir quién tiene que pagar impuestos y cuánto.