Versiones en lucha

Es usual, durante una campaña electoral presenciar (escuchar, ver, interpretar) una lucha a brazo partido por ofrecer a la “opinión pública” versiones diferentes de los sucesos asociados a la vida cotidiana y a los hechos, sucesos y fenómenos asociados al ejercicio del gobierno. Las diferentes formaciones luchan por poner frente a los electores y electoras una versión favorecedora a su partido de los sucesos y los hechos. Los actos, proyectos y acciones de gobierno son la arena de esa lucha.

Si el gobierno de X partido realizó tal o cual obra o proyecto, los partidos adversarios dicen a los electores que está mal hecho. Y viceversa. Si habla el partido X de sus obras las presenta como la solución a casi todos los problemas. Por ejemplo: Los Juegos Panamericanos realizados en Guadalajara hace cuatro años fueron el más grande error de algún gobierno en el siglo XXI o fueron la más grande imposición sufrida por un gobierno local por parte de poderes fácticos con intereses inconfesables. O la línea 3 del Tren Ligero es un “gran negocio” de los gobernantes actuales o es “la” solución al transporte público de la Zona Metropolitana de Guadalajara.

¿Qué produce esta lucha por imponer un significado a la realidad con sólo discursos? Primero confusión. ¿Cuál es la versión cierta? Luego, desapego a las elecciones: Todos son iguales. No me importan las elecciones. Y al fin, se reproduce un estado de cosas donde las prácticas democráticas son inútiles para gobernar. Se consolida el gobierno fáctico de unos cuantos. Y  también encendidos discursos – sólo discursos – de autoridades para convencernos de lo mucho que “hemos” conseguido con el voto.

El discurso es el rey. Por ende, nuevos significados son imposibles. Un significado se compone de una vivencia, convertida en experiencia (personal, racional y emocional) que se puede pensar y reflexionar: ¿Qué me pasó? ¿Qué es en realidad? Y al fin le ponemos nombre y así: Lo vivido nos significa… tal.

La violencia sucedida en Jalisco no está significada: Está controlada por discursos – dichos – que tratan de imponer su versión. Pongamos distancia de los discursos y construyamos, a partir de la vivencia, la experiencia y la reflexión, nuestro propio significado. Si lo compartimos y afinamos, será un significado común, apropiado, que nos facilitará actuar según la realidad encontrada.