Talante democrático, ¿perdido?

En las semanas y días recientes se han producido discusiones y debates en la arena pública a raíz de decisiones de las autoridades sobre asuntos para los cuales la sociedad tiene una  sensibilidad más afinada. Las decisiones de la autoridad es una acción en la cual se revela el talante de los gobernantes y las prioridades reales, no las discursivas, del gobierno pues, de manera inevitable, una decisión afecta a unos y favorece a otros. En las decisiones del gobierno se pone en tensión con mucha frecuencia el factor popularidad y el factor orden y control.

Por ejemplo, el asunto de los vendedores ambulantes. Se enfrenta lo popular de la venta informal con el control de competencia que los ambulantes hacen al comercio llamado formal. La decisión del gobierno en este asunto fue “no zanjar” la disputa sino pedir un “pacto de coexistencia pacífica” para que ambos tipos de comerciantes hagan su labor con respeto a ciertos límites y reglas prácticas. Así, ambos sobreviven. La autoridad ejerció de árbitro bonachón sin expulsar a nadie de la cancha.

Otro ejemplo. En el Instituto Metropolitano de Planeación, largamente esperado, las autoridades también mostraron su talante por repartir beneficios sin “sacar a nadie de la cancha”. Concedió en el diseño orgánico una suerte de equilibrio entre la autoridad política, la técnica y la participación de la sociedad. Se reservaron la última palabra y resolvieron la tensión entre presión popular y control político: Bien por un instituto metropolitano, por fin. Planeen, escuchen a la gente, propongan y… las autoridades decidirán. El talante fue no soltar el control.

El transporte público. Aquí, la tensión ha sido muy fuerte. Las decisiones fueron rápidas y de inmediata aplicación. Los actores en la arena mostraron descontento y el gobierno actuó en consecuencia. La protesta social llegó a la calle. El gobierno tomó decisiones de beneficio popular y despidió a un funcionario. El sector camionero aceptó implantar medidas antes disputadas para mostrar su acuerdo en resolver el conflicto. Sin embargo, el desplazamiento a segundo plano de los usuarios del transporte y de la trágica muerte de una persona, enseña que el hecho movió otro conflicto entre la universidad y el gobierno. El gobierno controló la agenda y marca el paso. Bien. Pregunta incómoda: ¿Dónde quedó el talante democrático?