¿Sociedad y estado fallidos?

Si la ley es inaplicable, ¿qué puede hacer quién recurre a la protección otorgada, no cumplida, por esa ley? ¿Buscarse él mismo la protección? ¿Sufrir en silencio? ¿Recurrir al amparo de la sociedad: Amigos, "palancas", medios de comunicación, redes sociales? La historia de la vida cotidiana, hoy y ayer, está llena de ejemplos de las acciones de personas y grupos cuando las leyes no se aplican en su defensa. Desprotegidos en la práctica contra abusos, robos, violencia y hasta riegos de perder la vida se defienden cómo mejor se les ocurre para lograrlo.

El buen funcionamiento de un sistema de relaciones sociales basado en leyes positivas –es decir, explícitas y escritas– se basa en dos presupuestos incontrovertibles: Uno, las personas y las entidades de esa sociedad tienen garantizados un conjunto de derechos y obligaciones con los cuales se aseguran de establecer y mantener una clase de buen trato. Dos, las personas y las entidades tienen y disfrutan de la protección de la autoridad y sus instituciones, si el buen trato garantizado no sucede, si alguien hace algún maltrato en perjuicio de otros. La ley establece los acuerdos sociales detallados acerca de qué es un "buen trato", "cómo se protege" a quien sufre maltrato, y cómo se castiga al maltratador.

Si el maltrato ocurre y el agredido no tiene protección, los presupuestos incontrovertibles fallaron en los hechos. Se rompe el fundamento de la posibilidad de vivir en sociedad: Juntos pero con acuerdos obligatorios sobre cómo nos tratamos. Roto tal fundamento todo es posible. Incluso convencernos de la idea de que el incumplimiento de la ley es un "hecho aislado" y no la realidad rampante. O creer el verosímil: "Las instituciones si actúan, pero lentas; hay muchos casos y poco personal."

Las noticias recientes de acciones de personas y grupos mediante las cuales se defienden de abusos o de quienes creen los agreden, son un foco rojo: Los justicieros son signo de falla total del sistema de relaciones sociales basado en leyes positivas. Pueden ser pocos, pero no son aislados. La lista de agresores y transgresores crece. Los agredidos y las víctimas también. Las leyes ¡oh!, también. La protección y las garantías ¡decrecen! Algo falta. ¿Otras autoridades? ¿Encerrarnos hasta que pase el huracán? ¿Sumarnos al desorden? No. Crear un nuevo proyecto de sociedad. Quizá.