Revivir, resucitar

Revivir sucede algunas veces. Un enfermo. Alguien accidentado. Una falla orgánica repentina de las personas puede llevarlas al umbral de la muerte, inertes con el corazón y la respiración detenidos. Quienes han sufrido – vivido estos trances ofrecen testimonio de experiencias, sensaciones y percepciones extraordinarias hasta entonces desconocidas para ellos. La rápida intervención de alguien preparado para hacerlo puede “volver a la vida” al sufriente. Revive. “Volver a la vida”, se usa para dar cuenta de la experiencia tenida por un suceso  inesperado, por impactante o por terrorífico que “nos corta la respiración” o “perdemos la conciencia” como defensa natural ante el evento. Se requiere ayuda externa para “volver a la vida”. La ciencia ha estudiado el fenómeno y ha establecido certezas sobre por qué sucede y cómo se atiende. No obstante, revivir es diferente de resucitar.

Resucitar sí es volver a la vida y por eso se parece a revivir. Lo diferente es “liberarse de la muerte”. El resucitado no morirá otra vez. ¿Cómo, por qué, mediante qué proceso? Misterio, es decir, algo que podemos conocer y hoy aún no lo conocemos. La razón aún no ha penetrado en esos detalles desconocidos. Por eso, cuando decimos que hoy, domingo de Resurrección, los cristianos celebramos al “Cristo resucitado” expresamos la creencia, no el misterio, en el hecho de que una persona histórica, Jesús el Cristo, resucitó y se liberó de la muerte.

La celebración cristiana es contexto para voltear la mirada de la razón hacia la vida de nuestro país. Hacia nosotros mismos. Se trata de revivir la importancia de “pensar a México”. Ir más allá de los fenómenos, terribles, cuya existencia misma nos conmueve y nos acerca a la muerte y la vuelve un hecho cotidiano más allá de nuestro natural  “ser para la muerte”. Este año coincide la celebración cristiana con el inicio de las campañas electorales para renovar un gran grupo de puestos de elección popular. Por eso, revivamos la conciencia del gran e innumerable número de mexicanos llevados a la muerte violenta y de víctimas, personas dañadas, rotas por la violencia o por la muerte de alguien cercano o querido.

Revivir a México no vendrá por las elecciones. Vendrá por la reducción drástica del fenómeno de la violencia y sus muertes. Por la satisfacción de las víctimas y el nuevo diseño social desde abajo.