¿Proyecto de nación?

Refundar la nación. ¿Es un propósito descabellado o frívolo? Algunas de las mejores voces de este país nos avisan de ese imperativo por el agotamiento del proyecto basado en las ideas de la revolución mexicana. El aviso se provoca por los hechos (y, obvio, los razonamientos) ocurridos en los cincuenta y ocho días transcurridos después de conocida la violenta desaparición forzada de 43 jóvenes estudiantes normalistas a manos de, entre otros, policías municipales, miembros de un gobierno constituido y por órdenes del primer edil de Iguala, Guerrero.

Por eso reclaman, además de castigar a los culpables del crimen, modificar desde la raíz las estructuras políticas, sociales y económicas surgidas de ese proyecto hoy agotado, pues a pesar de treinta años de reformas “estructurales” la realidad vivida cotidianamente por los mexicanos no muestra mejoras estables y crecientes sino desigualdad, pobreza y carencia de futuro en decenas de millones de mexicanos. Este gran retraso real, a pesar de avances evidentes, es la mejor demostración de que las decisiones tomadas para hacer realidad las ideas del ideario revolucionario, no han logrado el propósito querido y buscado. Es imperativo reconocer el agotamiento, si no de ideas, sí del modo como se ha intentado llevarlas a la práctica.

Si esos retrasos indignos, por repetidos y cotidianos, fueran insuficientes para convencer al más remiso, podemos añadir tres hechos reiterados a lo largo de varias décadas, aceptados como males menores y no obstante cruciales para fortalecer una nación. El voto. Los impuestos y la participación informada. Con el voto popular mayoritario escogemos hombres e ideas para formar gobierno capaz de llevar a cabo propuestas que concreten los ideales nacionales. Hoy el voto está desacreditado y la mitad de la nación no vota. Con los impuestos le damos dinero al gobierno electo para que realice sus propuestas. Hoy más de la mitad de la nación no confía en la entrega de impuestos a un gobierno desfondado por la componenda ilegal. La información: Es cierto que hoy más del 95 por ciento de los hogares tienen acceso a la televisión. También que la información crucial está monopolizada, distorsionada.

Sí, proyecto de nación. Para empezar: Aclarar y castigar el crimen. Restaurar el poder ciudadano del voto, de los impuestos y de la información. Sí, gran acuerdo nacional.