Paz y… Paz

Lunes 31 de marzo: Octavio Paz cumpliría 100 años. Los textos de Paz, abundantes, son un legado universal. Leerlos de nuevo da hondura al pensamiento sobre México y sobre los mexicanos, a veces desentendidos del país.

En La llama doble (1993, Seix Barral, México) escribe Paz: “Para comprender nuestra situación nada mejor que comparar dos políticas en apariencia opuestas pero que producen resultados semejantes. Una es la estúpida prohibición de las drogas, que lejos de eliminar su uso, lo ha multiplicado y ha hecho del narcotráfico uno de los grandes negocios del siglo XX; un negocio tan grande y poderoso que desafía a todas las policías y amenaza la estabilidad política de algunas naciones. Otra, la licencia sexual, la moral permisiva: ha degradado a Eros, ha corrompido la imaginación humana, ha resecado las sensibilidades y ha hecho de la libertad sexual la máscara de la esclavitud de los cuerpos. No pido el regreso de la moral de las prohibiciones y los castigos, señalo que los poderes del dinero y la moral del lucro han hecho de la libertad de amar una servidumbre.” ¿Más claro?

En otro párrafo de la misma obra, Paz muestra una de las grandes deficiencias de la modernidad. Dice: “Hace unos pocos años el sida apareció de improviso entre nosotros, con la misma silenciosa alevosía con que se presentó antes la sífilis. Pero hoy estamos menos preparados para enfrentarnos a esa enfermedad que hace cinco siglos. En primer lugar, por nuestra fe en la medicina moderna, una fe que linda con la credulidad supersticiosa; en seguida porque nuestras defensas morales y psicológicas se han debilitado. A medida que la técnica domina la naturaleza y nos separa de ella, crece nuestra indefensión ante sus ataques. Era una diosa donadora, como todas las grandes divinidades, de vida y muerte; hoy es un conjunto de fuerzas, un depósito de energía que podemos dominar, canalizar y explotar. Dejamos de temerla y creímos que era nuestra servidora. De pronto, sin aviso, nos muestra su otro rostro, el de la muerte. Tenemos que aprender, otra vez, a mirar la naturaleza. Esto implica un cambio radical en nuestras actitudes.”

Pensamos la paz como ausencia de guerra y olvidamos la sensibilidad al otro, a la tragedia, al amor, a la vida. Paz hace ver esa otra paz: La construida, o no, con nuestras actitudes. Qué tal: ¿Cambiamos de actitudes?