Participación ciudadana

Ciudadano viene de ciudad o población grande, diferente de un poblado, villa, caserío o ranchería. También se usa esa voz para denotar un lugar especializado reconocido: ciudad universitaria, ciudad de la salud, ciudad digital. Desde la antigua Grecia, y más desde la ilustración, se usó “ciudadano” para distinguir a los pobladores o habitantes con ciertos derechos políticos. El principal derecho político de un ciudadano hoy es tomar parte en la configuración del poder político gubernamental, por la vía de la votación popular. El poder político y legal lo ejerce aquel designado por la mayoría de votos de los ciudadanos.

Los ciudadanos actuales extienden su interés en la “cosa pública” mucho más allá del voto. La vida pública está abierta a escrutinio de los ciudadanos. Las decisiones, por ejemplo, sobre la configuración de la ciudad (sea grande o chica) son una preocupación constante para los ciudadanos. El estilo de vida cotidiana se trastoca por decisiones del poder, mal evaluadas y peor tomadas. Ejemplo enojoso es el transporte público y el desarrollo urbano de la ciudad. Hace muchos años, el crecimiento de la ciudad era motivo de orgullo, pues hacía posible contar con servicios y facilidades que el pueblo chico no podía tener. Hoy es un dolor de cabeza.

La voz popular dice con sabiduría que las decisiones sobre el desarrollo urbano las toman los constructores de vivienda, especialmente quienes no viven en las ciudades “desarrolladas”. Estos convencen de sus planes a funcionarios y planificadores por el enorme monto de sus inversiones, el empleo que generan y los impuestos que pagan. A la vista las consecuencias desagradables. Masas de viviendas sin concierto y grandes zonas en pobreza, con carencias elementales y sin futuro. ¿Movilidad? ¿Seguridad? ¿Transitable? ¿Transporte? Quedaron en la noche de los tiempos.

¿Qué hacer? Renovar y ejercer el derecho a la ciudad de los habitantes. No más decisiones sin participación de los ciudadanos afectados, directa o indirectamente. Los ayuntamientos ya no representan a la ciudad, al municipio. Al contrario. Son parte de la perversidad del “sistema” de urbanismo actual, precisamente por no interponerse entre los planes meramente comerciales y el derecho de los ciudadanos a vivir “su” ciudad. Es imperativo renovar ese gobierno de los ciudadanos, aunque parezca tarea titánica.