Paréntesis "Patricia"

Un huracán con nombre de mujer puso paréntesis a las "vencidas" de los días recientes entre diferentes fuerzas políticas y todos se pusieron a trabajar juntos para prevenir y alertar a la población, activar los cuerpos de seguridad y protección civil frente a la contingencia potencialmente catastrófica. De los efectos y daños reales aun hemos de esperar, seguro serán menores que si no se hubieran activado las alarmas y prevenciones. Del trabajo conjunto en el cual se hacen a un lado pretensiones de cada grupo esperemos quede una lección y la voluntad política de mantener la prioridad de protección y gestión común de los bienes públicos, necesarios para todos.

Ese trabajo conjunto y esa voluntad política es lo que en verdad gobierna a una sociedad, pues define las tareas, aprovecha los recursos, establece una dirección hacia dónde y porqué trabajar y requiere del concurso y disciplina de ciudadanos y organizaciones para operar y gestionar las acciones prácticas en el terreno. Si de este potencial desastre aprendemos las bondades del procomún, habremos dado varios pasos para salir del marasmo que domina el panorama actual.

Las emergencias y amenazas suscitan solidaridad en su sentido estricto: vemos de la misma manera los fenómenos y las acciones para hacerles frente. No dudamos de los expertos, escuchamos con atención peticiones y solicitudes, ponemos manos a la obra desde luego y no "mañana"; protegemos a quien lo necesita por desconocido que sea.

¿Podremos mantener esa escucha, disposición y mirada una vez terminada la emergencia y ante la cotidianidad y los problemas ordinarios? Si la amenaza nos hace "sacar" lo mejor de nosotros, en las situaciones de todos los días debiera ser más fácil procurar una mirada conjunta, un trabajo coordinado, una sociedad participante y gobiernos que sí gobiernan y no sólo preparan las siguientes elecciones.

Niños desvalidos, enfermos o en la orfandad práctica, ¿son o no suficiente mal común, que lastima a todos, para ponernos de acuerdo para protegerlos y convertirlos en un bien? Decenas de mujeres engañadas y obligadas a la esclavitud sexual o laboral, ¿no nos avisan de un mal común de terror tal que motive las acciones comunes para erradicar esas prácticas malvadas? Estos y otros males cotidianos nos demandan actuar para el procomún. ¿O será hasta el siguiente huracán?