Olvido o lucha

Años atrás, en una reunión entre presidentes municipales y académicos, el primer munícipe de un municipio michoacano con mayoría de población indígena se quejaba de las críticas de alguna parte de la población sobre su gestión. Este presidente fue invitado por las autoridades indígenas para el cargo. Era un ciudadano de a pie, ajeno a la política, vivía de su trabajo en el campo y nunca había estado en puestos públicos. Las personas, nos dijo, no criticaban su gestión. La queja era que él estaba poniendo un nuevo tejado al gallinero de su casa particular. Expresaba la percepción de que el presidente estaba usando el dinero público para un beneficio personal. Su defensa contra la crítica fue: “Estaba poniendo tejas compradas mucho antes de ser presidente. Las puse hasta ahora porque no puedo pagar a otro por ese trabajo.” El conflicto se acalló. El pueblo sin embargo, por abajo, se dirigía a él como “aprovechado”.

Las impresiones populares forjadas entre el rumor y el clamor son extremadamente difíciles de modificar así contengan un alto grado de percepción parcial o incluso equivocada. Los dinamismos sociales, los significados y las significaciones sociales se mueven, o no, según variables a veces impredecibles o inesperadas. La razón o el argumento lógico, incluso la verdad demostrada, pueden conseguir modificaciones de fondo en las ideas formadas en el seno del pueblo. Por ese dato, hoy el gobierno queda mal con el pueblo cuando explica, aún con verdades, la decisión inesperada de subir el precio de los combustibles. El conflicto abierto se puede acallar. La percepción popular seguirá vigente en el seno popular. Por eso importa convertir la indignación en alguna forma de enriquecimiento de la conciencia popular con la cual el conjunto ciudadano avance en la compresión de lo que indican los textos como “un nivel superior de la lucha contra la opresión y la dominación”.

Tres formas, al menos, se registran en la historia social: Dar la espalda al gobierno, dar la espalda a la democracia como régimen insuficiente, dar la espalda a la civilización. En México sólo los indígenas se han atrevido a transitar el camino de rechazo a la democracia o a la civilización. Ahora ¿a dónde transitaremos los no indígenas? Siempre cabe el olvido y la inscripción de esta indignación en el libro de “Lo que pudo ser y no fue”.

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