México se mueve

Mover a México, ha sido el cansino lema del gobierno para comunicar a los gobernados su meta, su objetivo. El discurso oficial de los principales funcionarios empieza, se desarrolla y termina con ese lema en el cual pretenden hacer caber todo su quehacer. Es un buen lema. Sin embargo parece dar la espalda a la realidad: México, la población, mexicanos, mexicanas, la gente, el pueblo, como se guste referirlo, hace rato está moviéndose. Y en muchas formas. A veces en contra de lo que el gobierno se propone con ese “mover” a México.

El gobierno en funciones opera bajo la hipótesis de que ciertas disposiciones de la Constitución Política y de variadas leyes impiden ese movimiento del país, que ellos quisieran ver. Y, es cierto, muchos mexicanos también. El gobierno ha gastado  su capital simbólico en convencernos de que la modificación, a veces radical, de Constitución y leyes mediante las “reformas estructurales” es necesaria y con ellas en operación México se moverá, en la dirección y con el sentido pensado por ellos. Ese movimiento, suponen, resolverá los problemas centrales del país. La suposición tiene virtudes sin duda. Y tiene defectos. Tres de ellos son cruciales. Tanto que si no se corrigen, las reformas no moverán sino a protesta y a revuelta.

El primer defecto es el carácter de largo plazo con el cual están concebidas. El gobierno lo dijo, lo ha dicho y lo dice: Los resultados, si se ven, se verán en años. Eso desanima. Provoca resignación, pasiva aceptación y también indiferencia. El segundo defecto está en su concepción abstracta, es decir, los supuestos no incluyen los cambios concretos en organización, vida diaria de oficinas, secretarías, instituciones y sobre todo en grupos gremiales ya operantes. El máximo ejemplo es la reforma educativa y la ley del servicio profesional docente. Está en proceso de “atorarse” y aun revertirse porque no se previó el cambio y el efecto en “las cañerías de la SEP”. El tercer defecto es que en la práctica las reformas sólo mueven a una parte de México. Por ejemplo, la reforma electoral. Movió a los partidos políticos y marginó a los ciudadanos. El INE es una cueva de partidos cerrada a las manifestaciones ciudadanas.

Gobiernos “que sólo ven para arriba y a lo lejos” olvidan al México que resiste, se organiza y se mueve hacia el “país que quiere” diferente pero válido.