Justicia, ley y democracia

Justicia. Es el reclamo general a las instituciones, a las autoridades y a la sociedad toda ante la cantidad de crímenes y situaciones injustas en medio de las cuales vivimos la mayoría de los mexicanos. Ley. “Cumplirla” es el reclamo general de quienes han sufrido atracos o daños por acción criminal o por omisión, consentida o corrupta, gubernamental. Democracia. Gobierno del pueblo, por el pueblo, para el pueblo. Sistema político y forma de vida en franco deterioro por causa de componendas o de plano trampas para hacerse del poder. Y por descomposición del sistema de partidos y de división de poderes, constitutivos democráticos esenciales. Casi ha desaparecido la representatividad del pueblo. Y por eso la palabra y la necesidad de los más se han silenciado.

Justicia real, ley eficaz y vida en democracia es una trilogía inseparable so pena de vivir como hoy vivimos en este país.

Si la justicia tarda y no cura, las personas toman la justicia en sus manos y abandonan a las instituciones. Si la ley no se aplica con esmero y pulcritud, no sirve para resolver agravios y conflictos; se vuelve “barato” violarla y se acepta dejarla de lado o sustituirla por la fuerza. Si la democracia se corrompe y se convierte en una simulación permanente, no es útil para vivir en sociedad y convivir. Por consecuencia las personas migran o deciden encerrarse en un círculo cada vez más exclusivo o limitado. La sociedad se convierte en una suma de incestos sociales.

Ante justicia ineficaz, ley abandonada y democracia simulada la respuesta posible, no sé si factible, es más democracia, antes (por así decirlo) que más ley e incluso mejor justicia. Nuestro país pide a gritos una democracia más profunda. Gritos por corregirla a fondo. Partidos políticos que representen las causas y necesidades del pueblo y no que “vivan” del pueblo. Jueces transparentes, incorruptibles y con autoridad moral. Gobernantes con poder otorgado por el pueblo y no por la trampa. Leyes sencillas, aplicables, entendibles por el pueblo y congruentes para construir la sociedad que queremos. Instituciones democráticas, por ejemplo una policía democrática y una banca que no viva del dinero “negro”; ambas controladas con regulaciones democráticas, y así puedan rendir cuentas a los ciudadanos todo el tiempo y no se escondan ante reclamos y demandas. Más, mejor democracia.